No sabemos como llegaste aquí, ni lo que estas buscando, pero esto es con lo que te vas a encontrar

martes, 7 de julio de 2020

Frío


Dejé las mujeres mas buenas del mundo
Sólo para ver lágrimas de verdad
No tengo nada que pueda volver a estar bien
No siento mas los gritos de ese perro fiel
Ni lo escucho torearle a la luna otra ronda del cordón mojado
No uso mas tus sucias palabras ni desato la furia de las cuerdas flojas
Puedo correr mas fuerte que el sol, si...
Pero no puedo verlo desaparecer, el caldero se enciende todos los días sin falta
Le abriga el vacío del mundo con todos sus sobretodos
No me vengan a hablar de amor
Ese dedo lo tienen sucio y con olor
No te creo ni una palabra mas

J.C.C.


lunes, 13 de abril de 2020

Vamos a dejarla ahí



Hoy te sacaste una cascarita delante mio

Arrugaste toda tu cara por donde los pocos pliegues de la edad te permiten hacerlo

La tiraste en un cantero para abonarla tierra con tu sangre joven, tensa y coagulada


Ahora debo dejar de observarte...

Te diste cuenta de que te estaba mirando.

Te fuiste y yo para el otro lado..

Pero no te preocupes, voy a volver a buscarla...


Por J.C.C.

domingo, 22 de marzo de 2020

Coronavirus


La noche tiene pecas
Pero están iluminadas
Parecen quietas aquí debajo de la piel del mundo...
Ayer rompí una nave espacial contra el borde del sartén. Me costó, tuve que darle tres golpes en el costado donde su blindaje es mas débil. La grieta atravesó toda la coraza de lado a lado y pude ver como su atmósfera controlada se deshacía al estirarse una especie de placenta que reviste todo el interior de la nave.
Primero se aglutinaron los oficiales y personal sin rango en una sopa espesa y transparente que no opuso demasiada resistencia para mas luego sí, caer la tropa armada hasta los dientes en un despliegue militar impecable que circundaba la reina, amarilla, hermosa, que no entiende cómo es que llegó a este mundo tan involucionado y primitivo que no pretende mas que devorarla.

J.C.C.

sábado, 4 de mayo de 2019

Volver al dolor.

por Santiago Echagüe
de 25sobreuno: http://25sobreuno.blogspot.com/

volví a leer algunos textos
siento cierto orgullo
no sé si es que de ellos
me separo
llevan mi nombre
a otro lugar
a otro nombre
al tuyo
se llevan el día
en este papel

quizás ya no sean míos

compartir el acto de escribir
desprenderse de los pensamientos
decirle adiós a la libertad
y volver a la prisión
de los sentimientos
es necesario
para escribir otra vez

donde está el dolor
hay resistencia.


(dedicado a Paula).

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Sonido Verde

Un texto para leer con los ojos cerrados.


Deposité mi cuerpo en el último asiento libre con el peso de la mochila hacia adelante y la espalda transpirada de horaymedia en la garita. Resbalé amablemente hasta la pseudo posición fetal que ha de apoderarse de mí junto al sueño del solcito bajo de la tarde sobre el rostro.
Lo último que exigí del viaje fue la ventana cerrada, pero los burletes viejos de la línea 13 son mas fuertes que los tres dedos con los que tiré de la manijita. El viento de a poco se fue entremezclando con mis cabellos en una danza psycho trance progressive que se siente muy bien, casi a masajes en el cuero cabelludo, una caricia violenta y el sonido… Sí, ese sonido...
 Como al de las tormentas que de alguna manera te relajan, el viento moviendo los árboles y plantas haciéndose lugar entre las raíces y la tierra para que las primeras gotitas de lluvia puedan entrar hasta el final de su red vegetal. Así... Así se sentían mis folículos pilosos como si todo fuera parte de un cuidadoso y aleatorio plan para que mi carne continúe viva mientras transporta a este ser humano en descomposición como ofrenda en la peregrinación de la existencia, o en un sentido práctico, hasta la parada de la capilla que es donde me tengo que bajar del colectivo.
Al principio tuve miedo. Dudé de dónde me encontraba. No conozco bien la voz de la ciudad, pero todo fue más fácil cuando subimos al puente. El sonido de alguna manera respetaba el ritmo del río que pasa por debajo, se había disuelto el berrinche del tránsito y el paisaje penetraba en mi piel con un nivel de pureza mayor. Luego ya pude seguir la cinética de las curvas para ubicarme: A la izquierda en la rotonda. Bajar la velocidad por el control de prefectura y el segundo lomo de burro donde descienden la mayoría de los gurises a los gritos y se los llevan a sus casas en las primeras manzanas del barrio.
Al principio se agradece la tranquilidad, hasta que empezás a sentir lo áspero y ordinario del silencio que hacen los adultos, con sus problemas en el futbol, dichos, entredichos, pajereadas de chimentos y el arreglo mal realizado en el auto del hombre que viaja delante mío. Casi una flatulencia comparado con la emoción del niño que inhala curiosidad pura en cada palabra mientras termina de romper ese permeable y colorido papel de regalo de la vida.
 Qué pena compartir estas últimas cuadras con el aire que se respira sucio, viejo y ya respirado por otros cuerpos. El tiempo se sienta a mi lado, me pide la ventana y susurra al oído con olor a bolsa quemada y ladrillo cocinado que debería estar preparándome para bajar, para tocar el timbre o abrir los ojos, quizás, otra vez...

J.C.C.

martes, 9 de octubre de 2018

Escoria de Odess.a.



La Organización de Antiguos Miembros de la SS devenida en un recuerdo inconexo de ancianos con ojos fríos tuvo su último santuario bajo la soleada primavera del 49 en la ciudad portuaria de Odesa, conocida en ese entonces como la Perla del Mar Negro.




Del otro lado del océano y muchos años después de la depresión elíptica del mediterráneo. Natacha Zimmerman esperaba pacientemente todas las tardes la llegada del colibrí a su jardín, disponía muy cerca de las tostadas una latita con agua dulce como símbolo de hermandad. Compartía, de esta manera, su pequeña mesa con el ave. Ella le llamaba "beija-flor rebelde" porque nunca se había dejado acariciar por la anciana. Los años de médica en Brasil habían incorporado muchos términos coloridos a su lengua; fina, bien articulada y atravesada por la robustés del polaco materno.

Esa siesta, como era su costumbre de las últimas dos décadas en su casa de las sierras, antes de acostarse abría las ventanas y se tapaba con frazadas para descansar disfrutando el aroma del Jazmín Amarillo.

Esa misma siesta, un sueño recurrente y poco habitual volvió a tocar sus puertas como lo hacía desde niña alternadamente cada 4 o 5 años, esta vez llegó justo para la víspera de sus 90 años... Eso fue lo primero que pensó al despertar sudada y con poco aire, como si estuviera llevando la cuenta.

 Tantos años de terapia habían disuelto las imágenes de sus compañeras del colegio acostadas boca abajo junto al cordón cuneta en el atracadero del puerto de Odesa, pero había una en particular que su cerebro ocultaba muy delicadamente bajo una codificación que el día a día no conseguía descifrar. Natacha suponía que era así porque no se trataba de un recuerdo gráfico, sino de un sentimiento apretado en un gesto, una mueca. Así fue la expresión en el rostro de Sussan, su vecina, al girar con sus características trensitas y flequillo que siempre le habían causado envidia a Natacha. Su mirada desesperada en lágrimas y las escamas de pescado brillando como perlas en la frente cuando su padre apoyó la punta del zapato para ladearla suavemente desde la pulcritud de la vereda y dio la orden de separarla de la masa de detenidos durante el pogromo.

Esta vez recordó también esa voz de niña aguda, desde el suelo agradeciendo ser su mejor amiga y el regocijo que sintió por el nacimiento de un favor inolvidable para ambas, e impagable para Sussan. Por lo menos eso es lo que recuerda de ella, quien en menos de 24 hs ya estaba desapareciendo camino a Kiev junto a sus padres y hermanos menores.

La vida de Natacha no fue fácil en esa época, como la de tantos humanos durante la segunda guerra mundial. Aunque siempre estuvo del otro lado del escritorio, conservaba algo en común con el resto de los sobrevivientes. Esas ganas innatas de vivir, de no remover las piedras y caminar descalza por la tierra fértil que la abrazó como un segundo vientre en las Américas.

Natacha no se había permitido amar por el designio de procrear. Su vientre se encontraba seco por el viaje en barco y la sal del mar que tantos niños vio arrojados por la borda. En el living entre recuerdos de viajes se distinguían casi 50 diplomas que avalaban su profesión de ginecóloga y partera. Miles de niños y niñas habían conocido sus manos antes que el mundo. Miles y miles más producto de ellos vendrán... Ella los atendía como si se tratase de su propia descendencia, su única oportunidad... para comenzar de nuevo.


J.C.C.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Timbre de Domingo



Las migas se reproducen sobre el mantel. Sobreviven a mis desinteresadas sacudidas.
El sol ya se fue del balcón pero dejó impregnado su calor en los muros. Puedo sentirlo en la espalda, como persiste la cinética del mundo... 

Su movimiento erecta los pocos pelitos que cubren mi piel y apuntalan una especie de atmósfera invisible que me protege.
Puedo olerme, hay tierra, pero es de otro barrio; también humo, de anoche, se concentra en mi cabello junto a la pregunta de por qué te sigo esperando, si no viniste…

Hoy me despertaron dos evangelistas con el timbre, bajé para explicarles que no creo en dios, pero en realidad lo que quería era darles un abrazo, creo que me hacía falta a mí... Será la misma cinética que mueve al mundo?, este movimiento que aún estando quieto, circula como sangre...

O será el domingo?, o la falta de sueño junto a la posibilidad de dormir todo el día, o la idea del suicidio, es que.. es tan romántica esa idea del corchazo en el día libre, el único día en que los humanos tenemos tiempo para quitarnos la vida, dormir sin alarmas o comer sin platos.

Me gustaría que si alguien lee estas palabras sienta que el cielo existe y está calmo, cuidándonos del vacío y la oscuridad del mundo. Me gustaría que lo haga un domingo a esta hora, cerca de las 4, donde comienza la tarde.
 Me gustaría, también, que sea una pregunta, ¿Dónde comienza la tarde…?
 Y eso sí que me gustaría, más que nada, que esta vez.. Seas vos...

J.C.C.