J.C.C.
Sus labios convertían en cielo al aire del medio
Endulzaban las palabras afiladas por dientes de marfil blanco.
Mientras latían con firmeza los húmedos pliegues rojos
se atomizaban las partículas en un látigo de electrones que golpea la piel por debajo
desfibrilándome el pulso y raspando los bordes de una escalera de caracoles.
Un lazo de éter anudaba las dudas y se trensaba con el instinto.
Cuando de pronto, y sin permiso, mi prehistoria comenzó a rasguñar los huesos por dentro.
Lo lamento.
No sabemos como llegaste aquí, ni lo que estas buscando, pero esto es con lo que te vas a encontrar
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miércoles, 24 de agosto de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
El nacimiento de la conciencia, y por ende la inconsciencia, es la previa al nacimiento del ser humano, El feto en su tercer semana ya comienza a plantearse si es él su Yo, si la madre quizás su Super Yo, y si el padre sera Ello.
Esta instancia de desarrollo psíquica-mental, debería establecerse de ahora en más como el único momento en que el hombre es libre, ya que está incontaminado en relacion a la TeVe, prejuicios, la poderosa internet, el asqueroso IVA, aun no sabe que la plata no le va a alcanzar,y tantisimos etceteras. Los conceptos q inundan su mente son puros y maravillosos, abstractos y fluidos. Luego de 9 meses de conciencia plena fetaria ya ha desarrollado la semilla de curiosidad, lo cual lo expulsara al exterior (con ayuda de expertos).
En este momento el bebe se encuentra con el mundo, ensangrentado (lo q no sabe es q la sangre es suya). el, que habia deseado el encuentro con otros seres para expandir sus ideas, calla tras un shock post parto, comprendiendo q nadie lo comprendera. luego de esto (segundos), no puede hacer otra cosa q largarse a llorar.
Solo despues de pasado mas de un año intentara adaptarse al medio y en un acto de compasion hacia sus padres comenzara a decir tutu ata col eto, cuando en verdad su deseo inicial fuera el de decir tantas otras cosas que nunca entenderemos.
Por Spaguetti.
miércoles, 6 de julio de 2011
El pasillo (versión 82)
Por J.C.C.
El portero había repasado en lavandina el pasillo, no era caminar y llegar... Ni transitorio el momento; Se trataba, mas bien, de una pequeña aventura el atravesar ese corredor, levitando de alergia al remedio higiénico y clorado...
Había amanecido en un día "extraño", pero extraño con todas las letras!!... ( Con todas esas letras mudas de nuestro abecedario que no dice nada, simplemente obedece y sometido nos refleja como un abc sin frenos que derrapa todo el tiempo en las curvas de la vida y sus conceptos).
No es el silabario en sí, somos nosotros el problema, los humanos, que agarramos siempre las cosas y las tratamos de meter en algún nombre, en alguna definición que tengamos a mano y nos suene familiar; O por lo menos sirva como para transportar esa “cosa” hasta encontrarle una bolsa mas fuerte, adecuada a todos con un apodo apto y reforzada en el sentido que le abraza y maquilla la jeta. ¿Vieron?; Si no agarramos letras y las acomodamos en palabras nos la pasamos agrupando sentimientos y sensaciones para explicarlos de alguna forma, contarlos en algún idioma o sentirlos en alguna otra persona para que sean de verdad.
Que tontos somos...
En esencia, el día era algo “raro” por así decirlo; No me cabía en ningún registro de acontecimientos normales de un día, no parecía ni lunes ni martes ni miércoles ni jueves ni domingo ni viernes, y ahí estaba yo... Caminando por el pasillo de paredes color crema rancia y vapores antibacterianos que se expandían hasta ocupar todo el volumen de mi caja toráxica… Preguntándome ¿?, recursando los recuerdos de una mañana inentendible, inexplicable e inagrupable... Tocando el timbre de lo que creía, era el departamento de alguien que suponía, iba a estar esperándome…
(De todas maneras no estaba demasiado preocupado, , cualquier cosa que sucediese solo se amoldaría al día sin más condecoraciones dentro de la bolsa arpillera que entendemos por “extraño” y listo).
Que iluso...
La puerta se abrió, saludé de reflejo con un beso ( Mis pensamientos inútiles siempre se acumulan de tal forma en estos momentos de tensión que estallan dejando al descubierto el piloto automático de pìbe_de_barrio que me vendieron en la adolescencia y “Así sigue la nave...”)
Ya saludado, sentado y consultado sobre qué beber conseguí relajar y meterme en el caparazón de nuevo; Ahora sí los eventos llegaban a mi con un nivel de pureza mayor, los sentidos agudos, y ya empezaba a escuchar los ruidos como a los de las películas que me enseñaron que en la vida hay ruidos, y en las orejas hay peajes… Al mismo tiempo se comenzaba a asomar, también, un olor a menstruación penetrante como el pasillo, pero no feo, ojo!, algo así como enzimático, insistente ( Diría dulce si no fuera que estoy comiendo un caramelo el cual está presentando una carta_documento en la sección lengua alegando que “dulce” pertenece a otro gremio, haciendo su descargo enojadísimo por la comparación y el tiempo perdido en la cola… En fin, el olor rápidamente se hizo parte de la casa, como el gato y la TV colgada en esos fierros negros arriba de la puerta del baño.-Es una muy mala idea ponerla ahí...).
Parpadeen!, PAUSA, que hacemos acá?? yo me pregunté lo mismo, y ahí nomás comenzó la entrevista de esta señorita; El pibe de barrio apareció con su capa de superheroe por la ventana y ahí va la nave ahí va… Tuvimos sexo sin demasiados rituales, al natural, sin sobresaltos ni desencuentros, y ya enmascarados y satisfechos me preguntó:
¿Para vos qué es estar loco?...
Por un momento quedé tildado pues no sabia si responder que es una enfermedad, una consecuencia del agrupamiento explicativo que hacemos los humanos, una medida alternativa ante una pena privativa de la libertad o si solo es un síntoma mas de la vida... Como el miedo epidémico que esta empezando a contagiar todo mi cuerpo al final de este día “ ”.
Pero entonces, mientras meditaba, comencé a verla extremadamente atenta, cercándose en la vigilia de mi respuesta, disponiendo de todo su ser, no solo las orejas y una porción abundante de cerebro…
Ahí entendí que eso no era una pregunta, ERA UN PASILLO, otro pasillo mas, una consigna… Tenía su olor, su puerta, su botón.
Traté de despegarme de todo para explicarle exactamente qué es la locura, dejar de lado mi nombre, al pibe de barrio, mis escuelas y mis historias, mi cara y mis verdades de plastilina… Caminé hasta el final de ese corredor tirando las ropas de humano hasta llegar al timbre donde supuestamente me estaba esperando a mi mismo... Y así fué, la puerta se abrió, saludé de reflejo, -Como yo soy mellizo encontrarme con un tipo igual a mi no me impresionó demasiado así que me senté y sin parpadear comencé mi entrevista… El miedo no se hizo esperar, cuanto mas buscaba dentro mío, mas profunda la inexistencia, eterna si querés, mas peligroso el saber y mas "necesario" también, al contrario de las palabras que abandoné en el pasillo junto con mis ropas como a los pañales en su momento…
El letargo fue rigor…
Parpadeen!!, yo lo hice antes de explicarle todo a ella... Su mirada era de respeto total, vulnerable a la revelación, perfecta, mis ojos no olvidaban ni un signo de admiración… Quise explicarle todo junto, tomarla en mis brazos y meterme adentro suyo para mostrarle las habitaciones, hacerle el amor con la rodilla y cortarle las piernas para que se de cuenta que caminar sólo la aferraba al mismo lugar… Quise mostrarle el mundo que no reflejaba el espejo de su sonrisa, que el tiempo no importa y el lugar tampoco porque La Inteligencia es el cuerpo y no esa bolsa de carne y huesos que la mantiene a la altura de la cabeza… Ella solo asimilaba, tenía los ojos conectados en mí, entonces se los saqué para que pueda verlo, fue hermoso… Nos abrazamos lo mas fuerte que pudimos mientras cubríamos el último vestigio del día con las sábanas blancas que nos absorbían en cada gota…
Estábamos al fin solos y llenos de nosotros… Lejos, atrás, los olores, los barrios y cualquier pasillo que vayamos a tomar...
El portero había repasado en lavandina el pasillo, no era caminar y llegar... Ni transitorio el momento; Se trataba, mas bien, de una pequeña aventura el atravesar ese corredor, levitando de alergia al remedio higiénico y clorado...
Había amanecido en un día "extraño", pero extraño con todas las letras!!... ( Con todas esas letras mudas de nuestro abecedario que no dice nada, simplemente obedece y sometido nos refleja como un abc sin frenos que derrapa todo el tiempo en las curvas de la vida y sus conceptos).
No es el silabario en sí, somos nosotros el problema, los humanos, que agarramos siempre las cosas y las tratamos de meter en algún nombre, en alguna definición que tengamos a mano y nos suene familiar; O por lo menos sirva como para transportar esa “cosa” hasta encontrarle una bolsa mas fuerte, adecuada a todos con un apodo apto y reforzada en el sentido que le abraza y maquilla la jeta. ¿Vieron?; Si no agarramos letras y las acomodamos en palabras nos la pasamos agrupando sentimientos y sensaciones para explicarlos de alguna forma, contarlos en algún idioma o sentirlos en alguna otra persona para que sean de verdad.
Que tontos somos...
En esencia, el día era algo “raro” por así decirlo; No me cabía en ningún registro de acontecimientos normales de un día, no parecía ni lunes ni martes ni miércoles ni jueves ni domingo ni viernes, y ahí estaba yo... Caminando por el pasillo de paredes color crema rancia y vapores antibacterianos que se expandían hasta ocupar todo el volumen de mi caja toráxica… Preguntándome ¿?, recursando los recuerdos de una mañana inentendible, inexplicable e inagrupable... Tocando el timbre de lo que creía, era el departamento de alguien que suponía, iba a estar esperándome…
(De todas maneras no estaba demasiado preocupado, , cualquier cosa que sucediese solo se amoldaría al día sin más condecoraciones dentro de la bolsa arpillera que entendemos por “extraño” y listo).
Que iluso...
La puerta se abrió, saludé de reflejo con un beso ( Mis pensamientos inútiles siempre se acumulan de tal forma en estos momentos de tensión que estallan dejando al descubierto el piloto automático de pìbe_de_barrio que me vendieron en la adolescencia y “Así sigue la nave...”)
Ya saludado, sentado y consultado sobre qué beber conseguí relajar y meterme en el caparazón de nuevo; Ahora sí los eventos llegaban a mi con un nivel de pureza mayor, los sentidos agudos, y ya empezaba a escuchar los ruidos como a los de las películas que me enseñaron que en la vida hay ruidos, y en las orejas hay peajes… Al mismo tiempo se comenzaba a asomar, también, un olor a menstruación penetrante como el pasillo, pero no feo, ojo!, algo así como enzimático, insistente ( Diría dulce si no fuera que estoy comiendo un caramelo el cual está presentando una carta_documento en la sección lengua alegando que “dulce” pertenece a otro gremio, haciendo su descargo enojadísimo por la comparación y el tiempo perdido en la cola… En fin, el olor rápidamente se hizo parte de la casa, como el gato y la TV colgada en esos fierros negros arriba de la puerta del baño.-Es una muy mala idea ponerla ahí...).
Parpadeen!, PAUSA, que hacemos acá?? yo me pregunté lo mismo, y ahí nomás comenzó la entrevista de esta señorita; El pibe de barrio apareció con su capa de superheroe por la ventana y ahí va la nave ahí va… Tuvimos sexo sin demasiados rituales, al natural, sin sobresaltos ni desencuentros, y ya enmascarados y satisfechos me preguntó:
¿Para vos qué es estar loco?...
Por un momento quedé tildado pues no sabia si responder que es una enfermedad, una consecuencia del agrupamiento explicativo que hacemos los humanos, una medida alternativa ante una pena privativa de la libertad o si solo es un síntoma mas de la vida... Como el miedo epidémico que esta empezando a contagiar todo mi cuerpo al final de este día “ ”.
Pero entonces, mientras meditaba, comencé a verla extremadamente atenta, cercándose en la vigilia de mi respuesta, disponiendo de todo su ser, no solo las orejas y una porción abundante de cerebro…
Ahí entendí que eso no era una pregunta
Traté de despegarme de todo para explicarle exactamente qué es la locura, dejar de lado mi nombre, al pibe de barrio, mis escuelas y mis historias, mi cara y mis verdades de plastilina… Caminé hasta el final de ese corredor tirando las ropas de humano hasta llegar al timbre donde supuestamente me estaba esperando a mi mismo... Y así fué, la puerta se abrió, saludé de reflejo, -Como yo soy mellizo encontrarme con un tipo igual a mi no me impresionó demasiado así que me senté y sin parpadear comencé mi entrevista… El miedo no se hizo esperar, cuanto mas buscaba dentro mío, mas profunda la inexistencia, eterna si querés, mas peligroso el saber y mas "necesario" también, al contrario de las palabras que abandoné en el pasillo junto con mis ropas como a los pañales en su momento…
El letargo fue rigor…
Parpadeen!!, yo lo hice antes de explicarle todo a ella... Su mirada era de respeto total, vulnerable a la revelación, perfecta, mis ojos no olvidaban ni un signo de admiración… Quise explicarle todo junto, tomarla en mis brazos y meterme adentro suyo para mostrarle las habitaciones, hacerle el amor con la rodilla y cortarle las piernas para que se de cuenta que caminar sólo la aferraba al mismo lugar… Quise mostrarle el mundo que no reflejaba el espejo de su sonrisa, que el tiempo no importa y el lugar tampoco porque La Inteligencia es el cuerpo y no esa bolsa de carne y huesos que la mantiene a la altura de la cabeza… Ella solo asimilaba, tenía los ojos conectados en mí, entonces se los saqué para que pueda verlo, fue hermoso… Nos abrazamos lo mas fuerte que pudimos mientras cubríamos el último vestigio del día con las sábanas blancas que nos absorbían en cada gota…
Estábamos al fin solos y llenos de nosotros… Lejos, atrás, los olores, los barrios y cualquier pasillo que vayamos a tomar...
martes, 5 de julio de 2011
Se siente unicelular un hombre de cara a una noche desierta de invierno, siente como si su calor fuese absorbido desde las entrañas de la tierra, pero disuelto en el primer manto helado que la recubre, convirtiendo esa presencia en algo minúsculo, desposeído, casi extinto, que no es absorbido por la capa de grama sólo por la existencia de una lógica física... pero la noche es despejada, y la oscuridad del cielo tan sólo es el frio eterno y hueco del universo, con unas estrellas lejanas que no hacen más que recordar esa distancia infinita.
Es que de a poco se nos fue advirtiendo del retorno cíclico del invierno, ya el otoño se llevó con gracia las esperanzas del verano junto con sus hojas rítmicas. Y ahora que el hombre se encuentra sólo, vulnerable, introvertido el temporal arremete contra él, con la violencia titánica de los vientos polares, un martillo gélido golpea el alma que sólo atina a resistir, los pasos surgen envueltos en patéticos abrigos. Resignado, ante la condición obligatoria de marcha hacia algún refugio.
Es como si se hubiese impuesto una penitencia, la soledad total reinara sobre el hombre atrincherado, para que una vez aislado en el frio se descubra a sí mismo, eh indague de mil maneras: para que agote su material externo, se conozca hasta no soportarse, para que se aburra y reduzca su ego a un sinrazón, a un motivo inexistente, para alimentarse de recuerdo, -imágenes, evocaciones- para en ese preciso momento ser carcomido por la ansiedad de que ya no basta con el mismo...
Los recorridos comienzan a significar otra cosa, ya no es el aburrimiento el móvil de la búsqueda, ahora son las preguntas, las que no puede contestarse sólo, lo que le permite salir una vez más a recorrer el paisaje hostil de una ciudad tomada por la parálisis catatónica y azul del clima. El espejo, el otro ser, el que reafirme la existencia de uno mismo, ese es el bien que se anhela, pero también pueden encontrarse espejismos.
Así en respuesta a lo que encuentra, a los que encuentra, la persona agradece humildemente saberse algo así cómo un par, y no más una unidad perdida, única, vulnerable.
Las igniciones calientan de a momentos el alma, sobre todo porque existe un afuera amenazante, trágico y desolado, y es por eso que se vuelve preciso perpetuarlas el mayor tiempo posible, tapándose bien, cerrando la puerta para ir a jugar, riendo en un trueque justo de reflexiones lumínicas... hasta que haya que sacar el pié fuera de la colcha y recordar (con ganas de cinco minutos mas) que hay una helada detrás de esas puertas cerradas , y que las maderitas de lo fósforos en algún momento se consumen...
Sin embargo las despedidas no dejan un sabor amargo, sino que renuevan mutuas esperanzas, y el hombre ya no siente el castigo del viento del mundo sobre sí mismo, sino al invierno cómo el signo de pregunta que lo empuja a la búsqueda y a la respuesta que es el otro, que son los otros. El necesario contraste de opuestos que reafirma su unicidad, pero en un mar de otras existencias, respirando y precisando, quizás al mismo tiempo el encuentro.
Por Flora la Exploradora
Es que de a poco se nos fue advirtiendo del retorno cíclico del invierno, ya el otoño se llevó con gracia las esperanzas del verano junto con sus hojas rítmicas. Y ahora que el hombre se encuentra sólo, vulnerable, introvertido el temporal arremete contra él, con la violencia titánica de los vientos polares, un martillo gélido golpea el alma que sólo atina a resistir, los pasos surgen envueltos en patéticos abrigos. Resignado, ante la condición obligatoria de marcha hacia algún refugio.
Es como si se hubiese impuesto una penitencia, la soledad total reinara sobre el hombre atrincherado, para que una vez aislado en el frio se descubra a sí mismo, eh indague de mil maneras: para que agote su material externo, se conozca hasta no soportarse, para que se aburra y reduzca su ego a un sinrazón, a un motivo inexistente, para alimentarse de recuerdo, -imágenes, evocaciones- para en ese preciso momento ser carcomido por la ansiedad de que ya no basta con el mismo...
Los recorridos comienzan a significar otra cosa, ya no es el aburrimiento el móvil de la búsqueda, ahora son las preguntas, las que no puede contestarse sólo, lo que le permite salir una vez más a recorrer el paisaje hostil de una ciudad tomada por la parálisis catatónica y azul del clima. El espejo, el otro ser, el que reafirme la existencia de uno mismo, ese es el bien que se anhela, pero también pueden encontrarse espejismos.
Así en respuesta a lo que encuentra, a los que encuentra, la persona agradece humildemente saberse algo así cómo un par, y no más una unidad perdida, única, vulnerable.
Las igniciones calientan de a momentos el alma, sobre todo porque existe un afuera amenazante, trágico y desolado, y es por eso que se vuelve preciso perpetuarlas el mayor tiempo posible, tapándose bien, cerrando la puerta para ir a jugar, riendo en un trueque justo de reflexiones lumínicas... hasta que haya que sacar el pié fuera de la colcha y recordar (con ganas de cinco minutos mas) que hay una helada detrás de esas puertas cerradas , y que las maderitas de lo fósforos en algún momento se consumen...
Sin embargo las despedidas no dejan un sabor amargo, sino que renuevan mutuas esperanzas, y el hombre ya no siente el castigo del viento del mundo sobre sí mismo, sino al invierno cómo el signo de pregunta que lo empuja a la búsqueda y a la respuesta que es el otro, que son los otros. El necesario contraste de opuestos que reafirma su unicidad, pero en un mar de otras existencias, respirando y precisando, quizás al mismo tiempo el encuentro.
Por Flora la Exploradora
lunes, 23 de mayo de 2011
Paso tras paso, paisaje desolado de otoño,sensación colectiva de intromisión, de perspectiva poética.Una soledad encantadora recorre las calles con viento húmedo y helado y los caminantes pensamos temas parecidos, existenciales, enterrados y profundos, todos y cada uno con la convicción de la filosofía barata, y la promesa de materializarla en un escrito-medianamente- literario en cuanto podamos encontrarnos con la hoja en blanco (futuro casi mentiroso,la mayoría de las veces). Lo que abriga es encontrarse afuera, solo,lejos,pero con la esperanzadora certeza de que en algún momento se ah de llegar...¿donde? Nos olvidamos, todos nos olvidamos, para tener quizás alguna nostalgia o para sentirnos parte de ese enormísimo signo de preguntas que comenzamos los otoños;producto de la ausencia de la eternidad que nos regalo el verano.
La cuestión es que caminamos, camino,- y no puedo evitar el elegir creer que de los otros lados es similar, por eso personifico, y quizás cambio el genero o el número- por esta especie de esqueleto reseco que se vuelve la ciudad, y surge cómo milagrosa la sensacion del encuentro, del choque espejado, la certeza infundamentada toma cómo argumento la personificación anterior, mientras charlo -charlas/charlamos- con ese que esta adentro, que nos conoce y comparte, y discute, que q veces es conciencia, que aveces es alter ego o quizas es la idea de una persona que no se conoce del todo pero que se acerca un poco a ese otro yo y uno elige ponerle el disfraz. Personalmente elijo creer que es mágica la evocacion que surge cuando esperamos “encontrar”, aunque no sea especifica, porque cuando necesito ese “no se que” siempre aparece, (sobre todo cuando las hojas amarillas empiezan a volarse como papelitos de concurso de susana gimenez -pero al ritmo de musica clasica- sobre calles en las que se acumulan en colchones crugientes)y aparece personificado de mil maneras, por eso sugiero que abran bien los ojos y que la nostalgia no se torne pesimismo, porque puede aparecer como un pajaro volando raso, o cómo un perro que nos acompaña, como postal tirada en nuestro camino o de la manera mas sorprendente que es la de encontrarse a otra persona, en que en el mejor y aún mas extraño de los casos nos acompaña en una charla, la que quizas en el fondo tenga absolutamente este animo otoñal ,pero este cubierta por un halo de “normalidad”,de no-cosmovision, de mundanería... pero que en el fondo agradece el pequeño encuentro, en ese caso intercambiaremos cigarrillos o fuego o mates, y luego volveremos a la marcha.
Lo mas maravilloso es tener la sensación de que con un abrigo -quizás un paraguas- y un atado de cigarrillos no se necesita mas nada, ni siquiera all you need is love, ni siquiera un peso para el cole, nada de nada, y la promesa seguira clavada, esa de escribir el viaje mágico, que puede ser domingo por la tarde, dia de semana nublado por la mañana, sábado 20 hs por calles arboladas, llegarás -llegaré,llegarémos-a nuestra casa, a ningún lado, a visitar a alguien de sorpresa, a trabajar, a la escuela y sólo se podrá pensar en el contraste del calor con el frio de la calle, que nos borra de a poco recuerdos de ese itinerario y lo reduce a un medio, no a un fin en si mismo.
Flor
La cuestión es que caminamos, camino,- y no puedo evitar el elegir creer que de los otros lados es similar, por eso personifico, y quizás cambio el genero o el número- por esta especie de esqueleto reseco que se vuelve la ciudad, y surge cómo milagrosa la sensacion del encuentro, del choque espejado, la certeza infundamentada toma cómo argumento la personificación anterior, mientras charlo -charlas/charlamos- con ese que esta adentro, que nos conoce y comparte, y discute, que q veces es conciencia, que aveces es alter ego o quizas es la idea de una persona que no se conoce del todo pero que se acerca un poco a ese otro yo y uno elige ponerle el disfraz. Personalmente elijo creer que es mágica la evocacion que surge cuando esperamos “encontrar”, aunque no sea especifica, porque cuando necesito ese “no se que” siempre aparece, (sobre todo cuando las hojas amarillas empiezan a volarse como papelitos de concurso de susana gimenez -pero al ritmo de musica clasica- sobre calles en las que se acumulan en colchones crugientes)y aparece personificado de mil maneras, por eso sugiero que abran bien los ojos y que la nostalgia no se torne pesimismo, porque puede aparecer como un pajaro volando raso, o cómo un perro que nos acompaña, como postal tirada en nuestro camino o de la manera mas sorprendente que es la de encontrarse a otra persona, en que en el mejor y aún mas extraño de los casos nos acompaña en una charla, la que quizas en el fondo tenga absolutamente este animo otoñal ,pero este cubierta por un halo de “normalidad”,de no-cosmovision, de mundanería... pero que en el fondo agradece el pequeño encuentro, en ese caso intercambiaremos cigarrillos o fuego o mates, y luego volveremos a la marcha.
Lo mas maravilloso es tener la sensación de que con un abrigo -quizás un paraguas- y un atado de cigarrillos no se necesita mas nada, ni siquiera all you need is love, ni siquiera un peso para el cole, nada de nada, y la promesa seguira clavada, esa de escribir el viaje mágico, que puede ser domingo por la tarde, dia de semana nublado por la mañana, sábado 20 hs por calles arboladas, llegarás -llegaré,llegarémos-a nuestra casa, a ningún lado, a visitar a alguien de sorpresa, a trabajar, a la escuela y sólo se podrá pensar en el contraste del calor con el frio de la calle, que nos borra de a poco recuerdos de ese itinerario y lo reduce a un medio, no a un fin en si mismo.
Flor
jueves, 19 de mayo de 2011
Está lloviendo y yo sin crayón.
"El viernes un tremendo trueno fué noticia, yo escribí unas palabras. Al llegar mi hermano de la escuela y contarme que cayó a 30 metros suyo sobre un juego metálico del parque de la locomotora que quedó echando humo y que el sonido fué como de 1000 árboles quebrándose juntos, me confirmó que somos todos protagonistas." Juan Carlos Carroña
Viernes 13 de Mayo de 2011, 12:20 hs.
Está lloviendo y yo sin crayón…
No empecemos hablando de lo que nos han enseñado porque a eso no tenemos nada que hacerle.
Pero si escapar fuera posible, a través o talvez un texto, éste sería uno de mis intentos. Fallido por concepción y miedo, al conformismo y a ser componente de mis ideas…
Está lloviendo y yo sin crayón es para cortarla un poco, sacarle sangre, pintarlo y destaparme con un encendedor dentro de otra cerveza medular.
(Además, sabes qué, somos egoístas y la razón no es ajena, también nos necesita. Por eso los personajes, para culparlos y condenarlos a nuestra inocencia… ) ahí vamos:
Adoro el sonido que hacen los rayos cuando quiebran el aire y agrietan al tiempo inestable para devorarse un pedazo que mis orejas pueden masticar a gusto (Imagino al espacio abriéndose de piernas, rajándose y desprendiéndose de la brisa por el tajo). Los fantaseo como el mordisco estruendoso y despreocupado sobre la primer tostada en el desayuno de algún dios con bigotes que nos cubre con migas energéticas rebozándolo todo en un relámpago. El hambre nos entra primero por los ojos como un destello atrevido que inunda el letargo intimándonos a abrir las ventanas del cuerpo mientras vamos cerrando las de casa con tranca.
Caen chorros de aire_en_gotas desde el cielo que van rebotándose el cuerpo en todo el camino hasta llegar aquí reformulados como viento de lluvia.
Puedo oler a ese aire descascarado resbalando afuera en la vereda, y escuchar a la gente como lo pisa todo, pobrecito :( , ahí tirado de boca en el piso mojado, respirando la humedad negra del asfalto mezclada con caca de perro que se escurre disuelta entre los pastos y el cemento formando siluetas dinámicas en el cordón que modelan el contorno visible de un enemigo sustancial...
Aire sólido y compacto es un sueño. La realidad, mucho más gelatinosa y sucia para los recién llegados del paraíso de vapor. La grieta furiosa los hizo tropezar con un solo estruendo que rajó sensiblemente la bóveda celeste como para dejarla supurando lo divino. Un colosal estornudo del horizonte terminó por plegar al cielo como a uno de mis pañuelos de tela.
A mi me enseñaron a ser libre para reprimir la violencia que sujeto con naturaleza... A ellos, inquilinos del tiempo, los despojaron de toda capacidad: Sin cuerpo los arrojaron para asfixiarse en esta inmundicia, sin forma les quitaron su identidad, sin alma saquearon su espíritu y sin estrellas en el cielo les dieron la bienvenida a la tormenta del infierno terrenal...
Los erradicados_violentamente_de_las_nubes, se organizan y precipitan a usurpar el predio de la temperatura ambiente descendiendo las escaleras a las corridas.
Sus familiares observan atónitos e impotentes la caída de los damnificados desde la comodidad del nubarrón y con lágrimas en los ojos intentan seguirlos con la vista, calculan distancias y les gritan hasta que en algún momento del recorrido se comienzan a mezclar con los pixeles que marcan las arrugas que presenta este mundo en la pantalla de la percepción, y desaparecen; Desconsoladamente los llantos se multiplican en la tragedia y de la grieta se desprende el dolor del clima en las primeras gotitas de lluvia...
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( Mientras tanto, aquí, abajo...
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( Mientras tanto, aquí, abajo...
Aquí abajo nos cubrimos con un manto tejido por quienes se desmoronan y nos protegemos de la tormenta.)
lunes, 16 de mayo de 2011
Una chica
Por Bruno Ferrari.
Y eso que no era mi chica, ni tampoco llegué a conocerla tanto, y no se si algún día lo haré, pero compartí una historia con ella, una bastante extraña (al menos para mí). Y un día me levanté y dije: “¿por qué no escribo de ella?”. Y ustedes estarán pensando “esta mina lo enamoró” o “lo flasheó” en una jerga más juvenil. Pero no. No es por eso que se me ocurrieron estas líneas, si no por cómo es ella. Tal vez un poco de cada cosa: especial, rara, loca, única, mística. Muchas cosas que la pueden adjetivar pero nunca definir. Si somos muchas cosas, ella lo es más. Y aunque todo parece pintar como un relato edulcorado, déjenme aclarar que nada es lo que parece, y si piensan muchas cosas más, les recomiendo que no piensen. Solo traten de leer. Traten de leer sobre Nila y mi historia con ella.
Sinceramente, no recuerdo cuándo la conocí. Si por alguna amiga, o por qué. Me da bronca no recordarlo. Les juro que hago el esfuerzo, pero nada. No pasa nada. No hay fecha, no hay clima en mi cabeza. Y sin embargo, a ella la tengo muy presente. Porque varias historias de Nila conmigo son raras, aunque muchos dirán que a muchos les pasó con muchas mujeres, y yo los comprendo. Pero empecemos por lo que más recuerdo: antes de conocerla, yo ya sabía por lo que había pasado. Siendo una chica en camino a ser una mujer, en el medio pasaron muchas cosas que afectaron gravemente su forma de ser. Quizás el hecho que la marcó profundamente fue el asesinato del padre a manos de dos ladrones en su propia casa. En el barrio se oyeron tiros a la madrugada, y provenían de la casa de Nila. Mucho no se pudo hacer por entonces. La gente, indignada, salió a la calle a protestar. Nila, junto a su madre, hermanos y el resto de su familia (en una misma cuadra vivía la tía de Nila y su abuelo por parte de la madre), más todo el barrio, con pancartas y difusión en los medios, pidieron justicia por el hombre muerto a mano armada. Y el hacerse escuchar logró su cometido: apresaron a los dos delincuentes. Y una historia pareció cerrarse. Pero bajo tanto bochinche, estaba Nila, y ella la estaba pasando mal.
Todo esto lo se porque fue un caso conocido en la ciudad. E igualmente, Nila me interesó. Por mi amiga que me la presentó, que también me advirtió este detalle en la vida de ella. Igual, no había llegado a cruzar muchas palabras con ella, solo unos cuantos saludos y unas cuantas despedidas. Pero llegó el día que hablamos más, una vez en un boliche. Y la verdad quedé sorprendido: ella, directamente, se abalanzó sobre mí, en busca de afecto instantáneo, que la verdad, yo no estaba preparado por entonces. Yo estaba en una etapa de hablar primero y accionar segundo. Ella tenía esa etapa pero invertida. Y vale aclarar en este punto que Nila no era una mina fea. De cara, bastante. Pero tenía un cuerpo perfecto, trabajado durante años en un gimnasio, y por natación, ya que tenía una espalda ancha. El cuerpo clásico de guitarra ella lo poseía, más unos buenos pechos. Conformaban, físicamente, a una chica apetecible. Y eso los pibes lo sabíamos, ya que no era el único que habló con ella, si no varios. Y ella se comportó siempre igual: amigable, provocadora, directa. A mí me ofreció volverme con ella, a lo que yo dije que sí, pero después me arrepentí y decidí volverme solo. Y Nila luego me lo hizo notar.
Unas semanas después de eso, volví a hablar con ella. Esta vez por chat. Era de noche, tipo 22. Y ella en algún punto seguía provocándome a pesar que esa vez en el boliche no me haya vuelto con ella. Así que me propuso ir a la casa. Yo, un poco tocado por el faltazo de aquella vez, más un potable deseo de hacerla mía, acepté su propuesta, pedí un taxi y fui a su casa. En el camino yo pensaba que, para no volver a hacerla mal, debería encarar las cosas de otra manera y seguirle su juego: primero accionar, y luego hablar. Nila tenía eso: provocaba el pensamiento más perverso, y eso se notaba. Y yo lo notaba. Y yo lo quería poner en práctica. Pero como se darán cuenta a continuación, pocas veces sale algo como uno quiere, o como uno lo está planeando.
La casa quedaba en un primer piso, y al subir las escaleras no imaginaba con lo que me iba a encontrar. Las paredes estaban adornadas con palabras, poemas y fotos referidos al padre de Nila. Recuerdo más las palabras, en donde ella escribió que lo extrañaba, que lo amaba, que nunca habrá nadie como él. En el medio de una habitación, junto a la cocina, había una mesa donde se encontraban varios de los familiares. Estaba la madre, la tía, el hermano. Estaban cenando. Nila se encontraba en otra habitación pegada a la anterior. Ella estaba viendo una versión doblada en español de El jardinero fiel bajada de internet para la facultad. Yo, al observar todo esto, pensé en irme lo más pronto de ese lugar. Primero, porque no conocía a nadie y me hacía sentir incómodo. Y segundo, porque no iba acorde a mis planes. Pero decidí quedarme a ver cómo transcurría la noche, quizás a favor mío, quizás no. Y quizás no fue la respuesta correcta: Nila no estaba para nada provocadora, estaba vestida con un pijama infantil que no despertaba ningún deseo sexual en mí, sino que daban ganas de retarla y mandarla a la cama a dormir porque era tarde. Además, la noté en un estado distinto a la otra vez: hablaba de manera muy lenta, decía incoherencias, no terminaba las oraciones, se reía de cualquier comentario que yo decía. Yo todavía no entendía por qué se comportaba así, pero decidí seguir viendo cómo se desarrollaba todo. Me dijo que viéramos la película, a lo que yo le respondí que ya la había visto y que no me había gustado, a lo que ella me pidió que se la cuente así no la veía. Yo le dije que la viera porque tal vez a ella le iba a gustar, era una historia de amor trágica por así decirlo, que denunciaba a una empresa farmacéutica que funcionaba como la “corporación maligna”, la cual estaba asentada en África, en donde la pareja vivía, ella siendo activista y él como un diplomático. Ella muere en un accidente, y el diplomático la llora. Ella iba con un hombre, y todo indica que tenían un romance. Pero el diplomático comienza a indagar, porque sabe que su mujer era una persona que incomodaba a los poderosos al reclamarles muchas cosas con respecto a la contaminación, salud y sociedad, a la que se estaba afectando en África. El diplomático no tarda en descubrir que en realidad a ella la asesinaron, y que el hombre con el que estaba, era otro activista y homosexual. De allí, se dispara el resto de la película en seguir al diplomático en tirar abajo a la poderosa empresa farmacéutica, pero más que nada, en la búsqueda de su mujer y en reivindicar su muerte, la cual no quiere que haya sido en vano. Le dije que también le podrían gustar los paisajes de África, las actuaciones. Pero que a mí la película no me terminaba de gustar. Al decir todo esto, me daba cuenta que en realidad estaba hablando conmigo mismo, ya que Nila tampoco me prestaba mucha atención. Es decir, me escuchó los primeros 5 minutos, pero luego se iba, es decir, seguía en persona, pero no hablaba, no me miraba, se iba de la habitación, quien sabe a dónde, quizás a un lugar feliz o un lugar triste y oscuro. Cuando volvió, me dijo que jugáramos al truco. Lo hicimos. Nunca jugué tanto al truco en mi vida. Habrán sido minutos, pero yo lo viví como si fueran horas. Ella se reía de todas las cartas que le tocaban, desde un cuatro hasta el macho. Pero no era una risa sin sentido, una risa insoportable, que de repente no quería escuchar más.
Mientras jugábamos, noté que empezamos a estar solos alrededor. Sólo quedó la madre, la cual me ofreció comida. En realidad, Nila le dijo que me diera de comer, aumentando mi incomodidad. La madre me sirvió tarta de zapallo, junto a un vaso de jugo. Yo le agradecí y mientras comía, seguimos jugando al truco. Cuando jugábamos mucho, Nila ponía la película. Al terminar de comer la tarta, noté que la madre no estaba más. Estábamos solos. Nila se paró a poner pausa a la película y se sentó arriba mío. Pude sentir su cuerpo a través del algodón de su pijama. Noté que ella comenzaba a agitarse. Nos besamos. Cuando nos comenzamos a excitar, ella se alejó y se sentó en su silla. Apareció la madre en escena. Quería saber si estábamos bien, si necesitábamos algo. Yo dije que no, que gracias. Yo solo trataba de saber cómo hizo para escuchar a la madre, ya que yo no escuché ningún sonido de pisadas ni nada por el estilo. La madre salió y Nila me dijo que volvamos a jugar al truco. Yo le seguí el juego nuevamente, pero la verdad sentía que la noche se estaba tornando extraña hace rato. Jugamos unas manos más, ella volvió a subirse arriba mío. Volvimos a besarnos y a tocarnos. Ella se volvió a su silla, pero esta vez no apareció la madre. Le dije que no entendía por qué hacía eso, que me explicara. Ella sólo se limitó a reir.
Luego llegó el fin de mi estadía en la casa de Nila. Le pregunté si tenía alguna cerveza. Me dijo que no, que ella no puede tomar alcohol. Le pregunté por qué. Por las pastillas, me dijo. Yo empecé a prepararme para lo que venía, mentalmente digamos. Ella comenzó un relato en el que narraba los sucesos que tuvieron que ver con el padre, que ya los sabía porque el hecho lo vi en los noticieros y en los diarios. Prosiguió el relato contándome que una vez que estuvo de novia con un chico, empezaron a pelear bastante feo, y ella terminó a los gritos por la calle insultándolo. El chico decidió irse, y ella iba atrás de él insultándolo de arriba a abajo. La madre decidió internarla unos días en un psiquiátrico, donde a ella le daban pastillas de todo tipo. Al salir, le dijeron que las siga tomando, para prever lo peor, le dijeron. Y ella siguió tomando. Al terminar de decir esto, aparece la madre y le deja en la mesa donde antes estaban comiendo, unas pastillas y un vaso con agua. Ella, obediente, se acerca a la mesa, le dice gracias a la madre, y se toma las pastillas. Luego vuelve a sentarse a mi lado, junto a mi cara de póker. Se escucha el timbre. Se escucha la puerta de entrada que se abre y se cierra. Es mi vieja que se cruzó enfrente a hablar con un vecino, me dice ella. Ella se va a la ventana que da a la calle a fumar un pucho y a observar a la madre hablando con el vecino de enfrente. Yo me acerco junto a ella en la ventana. Hay un árbol seco que obstruye la visual. Yo me pongo detrás de ella, y le agarro las nalgas y juego con mis dedos en sus cavidades. ¿Qué hacés? Mi vieja está mirando, me dice ella. Nada, juego, le respondí. Yo en ese momento me sentía curado de espanto. Había visto y escuchado demasiado por unas horas en una noche en la cual ya mis planes se encontraban en el tacho de basura. Decidí seguir el juego de manera vívida, y actué de esa forma, a ver qué pasaba. Ella no se inmutó, siguió fumando mientras yo jugaba con mis manos por su cintura. Se escucha la puerta de entrada que se abre y que se cierra. Yo vuelvo a la silla donde estaba antes. Luego Nila se sienta en la silla de la computadora, donde estaba la película pausada, y me dice “vení que te muestro unas fotos”. Yo me acerco y empiezo a ver una secuencia de fotos de ella durante su vida: con amigas, con novios, amigos, con los que salió, con su familia. Yo me imaginaba volver a la cotidianeidad cuando me empezó a mostrar fotos de su hermano con plantas de marihuana, el hermano y los amigos fumando y riéndose y mirando a la cámara. No era extraño el tema para mí, pero era extraño ver a la madre pasando detrás de mí y mirando las fotos que yo miraba. Una familia liberal, pensaba, pero también pensaba en que era una familia donde nadie decía nada con respecto al otro. Nadie juzgaba.
Y luego vinieron las fotos de ella con su padre. Era perturbador el silencio y la pausa de ella al mostrarme estas fotos. Directamente ni hablaba, y no pasaba las fotos. Dejaba una foto puesta por varios minutos, sin decir nada. Luego me mostró fotos de la marcha que hicieron por el padre, de los vecinos. Este era el mejor amigo de mi papá y vive enfrente, me decía en una foto. Esta soy yo con una de las pancartas en la marcha, en otra foto. Y luego vino el pico, el plato fuerte: me mostró un video del día después del asesinato del padre. La cámara mostraba los ambientes de la casa donde yo estaba en ese momento, pero que en el video la mostraba llena de policías, hablando entre ellos, tomando notas, testimonios. Luego la cámara mostraba el piso donde estaban mis pies apoyados, y que en el video se veían manchas de sangre en grandes tamaños. Luego alguien que habla a la persona que filmaba: “Nila, vamos que tenemos que ir a la comisaría a declarar”. Fin de la filmación.
Al terminar el video, ella me pregunta qué me pareció. Yo no sabía qué decir. Sólo pude decir que me alegraba que hayan encontrado a los culpables y que estén presos. Hace poco salieron, me dijo ella. Otra vez, ningún comentario de mi parte. Yo solo la miraba, y veía en su cara una mueca, una sonrisa, un producto de tantas cosas vividas, de tanta mierda, de muchas cosas mezcladas, lo veía en esa mueca. Y es más, me costaba mirarla fijamente. Creo que me superaba la situación. Todas las cosas que experimenté en mi vida hasta ese entonces, no se asemejaban a lo que estaba viviendo en esa noche. Luego miré la hora, y noté que era la medianoche pasada. Habían pasado sólo dos horas desde que había llego a la casa de Nila, y ya me quería ir. Le dije que me pida un taxi, y ella me dijo que bueno, que ahí lo pedía. No tardó mucho en venir, a lo que le agradecí indirectamente al taxista. Nila me acompañó hasta la puerta, donde se encontraba la madre y la tía. Le di un beso en la mejilla a Nila y me subí al taxi, con el más profundo deseo de no volver nunca más a esa casa. Pero al volver a mi casa en el fondo me sentía culpable y quería ayudarla. Me sorprendía que siga tratando de tener una vida normal, y eso es algo para valorar bastante. ¿Pero qué era normal para ella? ¿Qué era normal para mí? ¿Yo soy normal? Sólo puedo asegurar que ella tenía problemas. Muchos. Los cuales los lidiaba de una forma que sería muy difícil cambiar. Ella tenía que cambiar. Pero en término de hábitos. Pero yo no lo podía hacer. No. Yo no era nadie. Ni un amigo, ni un novio, ni un amante. Nadie. Sólo podía desearle lo mejor en el fondo. Y que nuestros caminos se vuelvan a cruzar y que esta vez ella esté bien y que podamos hablar bien.
Luego de esa noche, no la volví a ver. Hablamos unas semanas luego por chat. Ella me preguntó si me acordaba de una de las fotos donde estaba el mejor amigo del padre. Yo le respondí que vagamente. Luego me preguntó si me acordaba que cuando yo fui a su casa, en un momento la madre se cruzó enfrente a hablar con un vecino. Le dije que sí, aunque yo en realidad recordaba haber jugado con su cuerpo. Me dijo que el vecino le estaba contando a la madre que el mejor amigo de su padre había muerto calcinado al ir por una ruta en una camioneta y al haber chocado con un camión cisterna el auto se incendió. Ella me pasó el link de la noticia, para corroborarlo. Yo simplemente no lo podía creer. Más que nada por ella. Yo pensé: “pobre mina! Las personas que la rodean se van yendo una a una de manera trágica”. Y luego traté de levantarle el ánimo, pero no me respondió. Nunca más hablamos.
Y eso que no era mi chica, ni tampoco llegué a conocerla tanto, y no se si algún día lo haré, pero compartí una historia con ella, una bastante extraña (al menos para mí). Y un día me levanté y dije: “¿por qué no escribo de ella?”. Y ustedes estarán pensando “esta mina lo enamoró” o “lo flasheó” en una jerga más juvenil. Pero no. No es por eso que se me ocurrieron estas líneas, si no por cómo es ella. Tal vez un poco de cada cosa: especial, rara, loca, única, mística. Muchas cosas que la pueden adjetivar pero nunca definir. Si somos muchas cosas, ella lo es más. Y aunque todo parece pintar como un relato edulcorado, déjenme aclarar que nada es lo que parece, y si piensan muchas cosas más, les recomiendo que no piensen. Solo traten de leer. Traten de leer sobre Nila y mi historia con ella.
Sinceramente, no recuerdo cuándo la conocí. Si por alguna amiga, o por qué. Me da bronca no recordarlo. Les juro que hago el esfuerzo, pero nada. No pasa nada. No hay fecha, no hay clima en mi cabeza. Y sin embargo, a ella la tengo muy presente. Porque varias historias de Nila conmigo son raras, aunque muchos dirán que a muchos les pasó con muchas mujeres, y yo los comprendo. Pero empecemos por lo que más recuerdo: antes de conocerla, yo ya sabía por lo que había pasado. Siendo una chica en camino a ser una mujer, en el medio pasaron muchas cosas que afectaron gravemente su forma de ser. Quizás el hecho que la marcó profundamente fue el asesinato del padre a manos de dos ladrones en su propia casa. En el barrio se oyeron tiros a la madrugada, y provenían de la casa de Nila. Mucho no se pudo hacer por entonces. La gente, indignada, salió a la calle a protestar. Nila, junto a su madre, hermanos y el resto de su familia (en una misma cuadra vivía la tía de Nila y su abuelo por parte de la madre), más todo el barrio, con pancartas y difusión en los medios, pidieron justicia por el hombre muerto a mano armada. Y el hacerse escuchar logró su cometido: apresaron a los dos delincuentes. Y una historia pareció cerrarse. Pero bajo tanto bochinche, estaba Nila, y ella la estaba pasando mal.
Todo esto lo se porque fue un caso conocido en la ciudad. E igualmente, Nila me interesó. Por mi amiga que me la presentó, que también me advirtió este detalle en la vida de ella. Igual, no había llegado a cruzar muchas palabras con ella, solo unos cuantos saludos y unas cuantas despedidas. Pero llegó el día que hablamos más, una vez en un boliche. Y la verdad quedé sorprendido: ella, directamente, se abalanzó sobre mí, en busca de afecto instantáneo, que la verdad, yo no estaba preparado por entonces. Yo estaba en una etapa de hablar primero y accionar segundo. Ella tenía esa etapa pero invertida. Y vale aclarar en este punto que Nila no era una mina fea. De cara, bastante. Pero tenía un cuerpo perfecto, trabajado durante años en un gimnasio, y por natación, ya que tenía una espalda ancha. El cuerpo clásico de guitarra ella lo poseía, más unos buenos pechos. Conformaban, físicamente, a una chica apetecible. Y eso los pibes lo sabíamos, ya que no era el único que habló con ella, si no varios. Y ella se comportó siempre igual: amigable, provocadora, directa. A mí me ofreció volverme con ella, a lo que yo dije que sí, pero después me arrepentí y decidí volverme solo. Y Nila luego me lo hizo notar.
Unas semanas después de eso, volví a hablar con ella. Esta vez por chat. Era de noche, tipo 22. Y ella en algún punto seguía provocándome a pesar que esa vez en el boliche no me haya vuelto con ella. Así que me propuso ir a la casa. Yo, un poco tocado por el faltazo de aquella vez, más un potable deseo de hacerla mía, acepté su propuesta, pedí un taxi y fui a su casa. En el camino yo pensaba que, para no volver a hacerla mal, debería encarar las cosas de otra manera y seguirle su juego: primero accionar, y luego hablar. Nila tenía eso: provocaba el pensamiento más perverso, y eso se notaba. Y yo lo notaba. Y yo lo quería poner en práctica. Pero como se darán cuenta a continuación, pocas veces sale algo como uno quiere, o como uno lo está planeando.
La casa quedaba en un primer piso, y al subir las escaleras no imaginaba con lo que me iba a encontrar. Las paredes estaban adornadas con palabras, poemas y fotos referidos al padre de Nila. Recuerdo más las palabras, en donde ella escribió que lo extrañaba, que lo amaba, que nunca habrá nadie como él. En el medio de una habitación, junto a la cocina, había una mesa donde se encontraban varios de los familiares. Estaba la madre, la tía, el hermano. Estaban cenando. Nila se encontraba en otra habitación pegada a la anterior. Ella estaba viendo una versión doblada en español de El jardinero fiel bajada de internet para la facultad. Yo, al observar todo esto, pensé en irme lo más pronto de ese lugar. Primero, porque no conocía a nadie y me hacía sentir incómodo. Y segundo, porque no iba acorde a mis planes. Pero decidí quedarme a ver cómo transcurría la noche, quizás a favor mío, quizás no. Y quizás no fue la respuesta correcta: Nila no estaba para nada provocadora, estaba vestida con un pijama infantil que no despertaba ningún deseo sexual en mí, sino que daban ganas de retarla y mandarla a la cama a dormir porque era tarde. Además, la noté en un estado distinto a la otra vez: hablaba de manera muy lenta, decía incoherencias, no terminaba las oraciones, se reía de cualquier comentario que yo decía. Yo todavía no entendía por qué se comportaba así, pero decidí seguir viendo cómo se desarrollaba todo. Me dijo que viéramos la película, a lo que yo le respondí que ya la había visto y que no me había gustado, a lo que ella me pidió que se la cuente así no la veía. Yo le dije que la viera porque tal vez a ella le iba a gustar, era una historia de amor trágica por así decirlo, que denunciaba a una empresa farmacéutica que funcionaba como la “corporación maligna”, la cual estaba asentada en África, en donde la pareja vivía, ella siendo activista y él como un diplomático. Ella muere en un accidente, y el diplomático la llora. Ella iba con un hombre, y todo indica que tenían un romance. Pero el diplomático comienza a indagar, porque sabe que su mujer era una persona que incomodaba a los poderosos al reclamarles muchas cosas con respecto a la contaminación, salud y sociedad, a la que se estaba afectando en África. El diplomático no tarda en descubrir que en realidad a ella la asesinaron, y que el hombre con el que estaba, era otro activista y homosexual. De allí, se dispara el resto de la película en seguir al diplomático en tirar abajo a la poderosa empresa farmacéutica, pero más que nada, en la búsqueda de su mujer y en reivindicar su muerte, la cual no quiere que haya sido en vano. Le dije que también le podrían gustar los paisajes de África, las actuaciones. Pero que a mí la película no me terminaba de gustar. Al decir todo esto, me daba cuenta que en realidad estaba hablando conmigo mismo, ya que Nila tampoco me prestaba mucha atención. Es decir, me escuchó los primeros 5 minutos, pero luego se iba, es decir, seguía en persona, pero no hablaba, no me miraba, se iba de la habitación, quien sabe a dónde, quizás a un lugar feliz o un lugar triste y oscuro. Cuando volvió, me dijo que jugáramos al truco. Lo hicimos. Nunca jugué tanto al truco en mi vida. Habrán sido minutos, pero yo lo viví como si fueran horas. Ella se reía de todas las cartas que le tocaban, desde un cuatro hasta el macho. Pero no era una risa sin sentido, una risa insoportable, que de repente no quería escuchar más.
Mientras jugábamos, noté que empezamos a estar solos alrededor. Sólo quedó la madre, la cual me ofreció comida. En realidad, Nila le dijo que me diera de comer, aumentando mi incomodidad. La madre me sirvió tarta de zapallo, junto a un vaso de jugo. Yo le agradecí y mientras comía, seguimos jugando al truco. Cuando jugábamos mucho, Nila ponía la película. Al terminar de comer la tarta, noté que la madre no estaba más. Estábamos solos. Nila se paró a poner pausa a la película y se sentó arriba mío. Pude sentir su cuerpo a través del algodón de su pijama. Noté que ella comenzaba a agitarse. Nos besamos. Cuando nos comenzamos a excitar, ella se alejó y se sentó en su silla. Apareció la madre en escena. Quería saber si estábamos bien, si necesitábamos algo. Yo dije que no, que gracias. Yo solo trataba de saber cómo hizo para escuchar a la madre, ya que yo no escuché ningún sonido de pisadas ni nada por el estilo. La madre salió y Nila me dijo que volvamos a jugar al truco. Yo le seguí el juego nuevamente, pero la verdad sentía que la noche se estaba tornando extraña hace rato. Jugamos unas manos más, ella volvió a subirse arriba mío. Volvimos a besarnos y a tocarnos. Ella se volvió a su silla, pero esta vez no apareció la madre. Le dije que no entendía por qué hacía eso, que me explicara. Ella sólo se limitó a reir.
Luego llegó el fin de mi estadía en la casa de Nila. Le pregunté si tenía alguna cerveza. Me dijo que no, que ella no puede tomar alcohol. Le pregunté por qué. Por las pastillas, me dijo. Yo empecé a prepararme para lo que venía, mentalmente digamos. Ella comenzó un relato en el que narraba los sucesos que tuvieron que ver con el padre, que ya los sabía porque el hecho lo vi en los noticieros y en los diarios. Prosiguió el relato contándome que una vez que estuvo de novia con un chico, empezaron a pelear bastante feo, y ella terminó a los gritos por la calle insultándolo. El chico decidió irse, y ella iba atrás de él insultándolo de arriba a abajo. La madre decidió internarla unos días en un psiquiátrico, donde a ella le daban pastillas de todo tipo. Al salir, le dijeron que las siga tomando, para prever lo peor, le dijeron. Y ella siguió tomando. Al terminar de decir esto, aparece la madre y le deja en la mesa donde antes estaban comiendo, unas pastillas y un vaso con agua. Ella, obediente, se acerca a la mesa, le dice gracias a la madre, y se toma las pastillas. Luego vuelve a sentarse a mi lado, junto a mi cara de póker. Se escucha el timbre. Se escucha la puerta de entrada que se abre y se cierra. Es mi vieja que se cruzó enfrente a hablar con un vecino, me dice ella. Ella se va a la ventana que da a la calle a fumar un pucho y a observar a la madre hablando con el vecino de enfrente. Yo me acerco junto a ella en la ventana. Hay un árbol seco que obstruye la visual. Yo me pongo detrás de ella, y le agarro las nalgas y juego con mis dedos en sus cavidades. ¿Qué hacés? Mi vieja está mirando, me dice ella. Nada, juego, le respondí. Yo en ese momento me sentía curado de espanto. Había visto y escuchado demasiado por unas horas en una noche en la cual ya mis planes se encontraban en el tacho de basura. Decidí seguir el juego de manera vívida, y actué de esa forma, a ver qué pasaba. Ella no se inmutó, siguió fumando mientras yo jugaba con mis manos por su cintura. Se escucha la puerta de entrada que se abre y que se cierra. Yo vuelvo a la silla donde estaba antes. Luego Nila se sienta en la silla de la computadora, donde estaba la película pausada, y me dice “vení que te muestro unas fotos”. Yo me acerco y empiezo a ver una secuencia de fotos de ella durante su vida: con amigas, con novios, amigos, con los que salió, con su familia. Yo me imaginaba volver a la cotidianeidad cuando me empezó a mostrar fotos de su hermano con plantas de marihuana, el hermano y los amigos fumando y riéndose y mirando a la cámara. No era extraño el tema para mí, pero era extraño ver a la madre pasando detrás de mí y mirando las fotos que yo miraba. Una familia liberal, pensaba, pero también pensaba en que era una familia donde nadie decía nada con respecto al otro. Nadie juzgaba.
Y luego vinieron las fotos de ella con su padre. Era perturbador el silencio y la pausa de ella al mostrarme estas fotos. Directamente ni hablaba, y no pasaba las fotos. Dejaba una foto puesta por varios minutos, sin decir nada. Luego me mostró fotos de la marcha que hicieron por el padre, de los vecinos. Este era el mejor amigo de mi papá y vive enfrente, me decía en una foto. Esta soy yo con una de las pancartas en la marcha, en otra foto. Y luego vino el pico, el plato fuerte: me mostró un video del día después del asesinato del padre. La cámara mostraba los ambientes de la casa donde yo estaba en ese momento, pero que en el video la mostraba llena de policías, hablando entre ellos, tomando notas, testimonios. Luego la cámara mostraba el piso donde estaban mis pies apoyados, y que en el video se veían manchas de sangre en grandes tamaños. Luego alguien que habla a la persona que filmaba: “Nila, vamos que tenemos que ir a la comisaría a declarar”. Fin de la filmación.
Al terminar el video, ella me pregunta qué me pareció. Yo no sabía qué decir. Sólo pude decir que me alegraba que hayan encontrado a los culpables y que estén presos. Hace poco salieron, me dijo ella. Otra vez, ningún comentario de mi parte. Yo solo la miraba, y veía en su cara una mueca, una sonrisa, un producto de tantas cosas vividas, de tanta mierda, de muchas cosas mezcladas, lo veía en esa mueca. Y es más, me costaba mirarla fijamente. Creo que me superaba la situación. Todas las cosas que experimenté en mi vida hasta ese entonces, no se asemejaban a lo que estaba viviendo en esa noche. Luego miré la hora, y noté que era la medianoche pasada. Habían pasado sólo dos horas desde que había llego a la casa de Nila, y ya me quería ir. Le dije que me pida un taxi, y ella me dijo que bueno, que ahí lo pedía. No tardó mucho en venir, a lo que le agradecí indirectamente al taxista. Nila me acompañó hasta la puerta, donde se encontraba la madre y la tía. Le di un beso en la mejilla a Nila y me subí al taxi, con el más profundo deseo de no volver nunca más a esa casa. Pero al volver a mi casa en el fondo me sentía culpable y quería ayudarla. Me sorprendía que siga tratando de tener una vida normal, y eso es algo para valorar bastante. ¿Pero qué era normal para ella? ¿Qué era normal para mí? ¿Yo soy normal? Sólo puedo asegurar que ella tenía problemas. Muchos. Los cuales los lidiaba de una forma que sería muy difícil cambiar. Ella tenía que cambiar. Pero en término de hábitos. Pero yo no lo podía hacer. No. Yo no era nadie. Ni un amigo, ni un novio, ni un amante. Nadie. Sólo podía desearle lo mejor en el fondo. Y que nuestros caminos se vuelvan a cruzar y que esta vez ella esté bien y que podamos hablar bien.
Luego de esa noche, no la volví a ver. Hablamos unas semanas luego por chat. Ella me preguntó si me acordaba de una de las fotos donde estaba el mejor amigo del padre. Yo le respondí que vagamente. Luego me preguntó si me acordaba que cuando yo fui a su casa, en un momento la madre se cruzó enfrente a hablar con un vecino. Le dije que sí, aunque yo en realidad recordaba haber jugado con su cuerpo. Me dijo que el vecino le estaba contando a la madre que el mejor amigo de su padre había muerto calcinado al ir por una ruta en una camioneta y al haber chocado con un camión cisterna el auto se incendió. Ella me pasó el link de la noticia, para corroborarlo. Yo simplemente no lo podía creer. Más que nada por ella. Yo pensé: “pobre mina! Las personas que la rodean se van yendo una a una de manera trágica”. Y luego traté de levantarle el ánimo, pero no me respondió. Nunca más hablamos.
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