Por Flora la Exploradora.
Esta noche no, te juro que ángel no, seguro me siento más tierna en tus brazos, seguro parezco más frágil, mas desposeída… me pongo a tu altura, me invento una que hubiera querido ser tantas otras… ¡te juro que ángel no!
Las noches húmedas que no distinguían amor de celo, de sexo, de eso que nadie admite:
No se por qué, no quiero dormir sola, no sé por qué. Algún humano que quiera fingir un rato en la cama - reza mi cerebro a modo de invocación-.
Podríamos ser apasionados, casi violentos, un sincero fuego contra fuego… decir cosas que no le contaríamos ni a nuestras amigas, esas que las mamas seguro nunca dijeron.
Cualquiera con un poco de personalidad y un par de méritos sencillos se aproxima al ideal… los conocidos amigos de los amigos, los que se vieron y nunca se saludaron, los compañeros del secundario, los profesores de la facultad, los que inyectaron de sangre nuestros ojos, o los que se esforzaron demasiado y están en el momento justo y en el lugar indicado. Cualquiera y no cualquiera, no necesitan tener ni siquiera la altura de fantasías, ni tampoco ser degradados al postmoderno nivel del “sex toy”.
O se me ocurre algún amigo, de esos con los que siempre estuvo todo en orden y nunca nos atrevimos a desordenarlo… alguien con quien compartir el secreto, uno incomodo que después nos encarguemos de barrer abajo del sillón de alguna casa.
O quizás con ese tipo que te conto un montón de problemas, si, ese que sabes que vino a jugar con la sensibilidad lastimera y enfermiza, al cual recibiste con un instinto maternal tan humano que seguro es falso, porque él tampoco quiere dormir solo, pero va a esperar que sucumbas víctima de tu nobleza… pero que a la hora de la verdad no es tal, y se pervierte en cada infinito detalle.
Uno pretende ser francotirador y a la vez el vértigo de poder ser el blanco, vivo y vulnerable Hormonas mezcladas con noche, noche mezclada con bruma: receta perfecta para el hastío de los
excesos, necesidad de perder la conciencia del algún modo, de sacarse toda esa ropa que es la carne, que es la persona, que sangra con lo que esperan de nosotros, y con el multi-yo que se pretende ser.
Satisfacer ese equilibrio en el cual lo único que se quiere es un trueque de sexo por sexo, una mínima de respeto, y alguna poca más de insolencia… Una provocación directa un arrojarnos a un mar de sabanas y baba, un mar tibio pegajoso en el cual sentirse succionado, vengado -quizás- después de tanto prostituir el espíritu a cambio de orgia.
Pero, por sobre todo, no quiero dormir sola, con olor a resaca y un frio desértico que roza el fracaso y la patada del autoestima doliendo en la nuca.