No sabemos como llegaste aquí, ni lo que estas buscando, pero esto es con lo que te vas a encontrar
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lunes, 3 de diciembre de 2012
viernes, 21 de septiembre de 2012
animico
alma aprendes
arte arritmica,
ando-artilugico.
ademas
aca hay algo
alemaniaco
anudado a
algo ami.
ameba
armado hasta
algunas alucionaciones.
amen ameigos,
ameigas.
alterados.
asco
arribo al
almibar,
aunqe hasta
arriba
hay algo
altisimo.
alba ahora
aqui ando
aprendiendo.
arte arritmica,
ando-artilugico.
ademas
aca hay algo
alemaniaco
anudado a
algo ami.
ameba
armado hasta
algunas alucionaciones.
amen ameigos,
ameigas.
alterados.
asco
arribo al
almibar,
aunqe hasta
arriba
hay algo
altisimo.
alba ahora
aqui ando
aprendiendo.
martes, 18 de septiembre de 2012
milonga
mitad mental merodea
mientras me muero.
mi mejor miedo mixado
medio manija mueve mar,
mueve muebles mueve mentiras,
mueve monedas mordidas.
mi muevo mandíbulas.
mascaras maldia malogrado
me miro malchico. mi
mundo mosquito, mi
mundomaravilloso,mi
mierda moscas meadas, mis
manos maniacas.mañana
morirme muero mejor.
mientras me muero.
mi mejor miedo mixado
medio manija mueve mar,
mueve muebles mueve mentiras,
mueve monedas mordidas.
mi muevo mandíbulas.
mascaras maldia malogrado
me miro malchico. mi
mundo mosquito, mi
mundomaravilloso,mi
mierda moscas meadas, mis
manos maniacas.mañana
morirme muero mejor.
lunes, 13 de agosto de 2012
Silencio. Se desprenden de a poco los golpes del asfalto y ensuciando el aire plaga densamente de
inquilinos ciegos, despertándolos de pesadillas que comen con ego su propia vanidad. Con medio
parpado abierto busco en mi subconsciente alguna respuesta que me aleje de esta sonámbula
realidad. Voy logrando desenredarme de telas superpuestas que como de costumbre no trato de
ordenar, las miro caer sobre mi cuerpo, estáticas como casi muertas, doy vueltas de lado a lado
girando, buscando quizá una posición concreta para quebrantar la agónica postura vertical, reposo
algo confusa acerca del uso horario, y así mirando el techo vacio fijando la vista a un punto
imaginario que se traslada por toda la habitación percibo que es hora de sugestionar a mi cuerpo
para tomar una taza con café y desconectarme de el sueño siniestro que usurpa el tiempo que
afuera, afuera demanda como bestia voraz, porque si respiro es debido hacer algo… como
cobrándome cada inhalación, siento el cólera acercarse. Basta me digo, y coloco los pies sobre el
piso, duro y frio, trato de revolver un poco mi cabeza y elevo mi cuerpo hasta su máxima altura,
todavía tengo desorbitados los ojos, buscando un enfoque entre luces naturales y focos artificios de
un amarillo penetrante camino pequeños pasos apenas levantando los talones, insisten mis
músculos holgazanes y me grito – por favor movete! tenes que arrancar. – busco con poco
entusiasmo el interruptor de luz dentro del baño, después de varios intentos de cachetadas a la
pared logro hacerlo saltar, ubicado frente a mí el espejo me invita sutilmente y hasta de modo
perverso a mirarme fijamente ( a veces pienso que el reflejo del espejo es una alucinación de mi
mete) zigzagueando la mirada por todo el contorno de esta imagen escurridiza busco inútilmente
algo nuevo en mi como queriendo sorprenderme asumiendo que es un presente de mi misma, pero
al cabo de un rato no logro encontrar nada, suspiro sabiendo que no será un día extrañamente
diferente al anterior, nada ha cambiado, nada. Mirando el final de mi pies moviendo despacito los
dedos rio, rio a carcajadas. Revolviendo mi pelo intento sacar de mis sesos algún espontaneo
sentimiento que me arrime a la puerta del ropero para comenzar el agobiante proceso de saber que
hay que salir, salirse de aquí, ir a recorrer calles, escuchar voces, mirar rostros ajenos, sonreír
hábilmente mostrando los dientes para poder persuadir la rutinaria acción de existir y hacerlo de
manera conforme ( con lo que a mí respecta diría más bien deforme) invitar a otros seres a mi
tiempo para compartir pequeñas aberraciones de un presente que derivan seguramente en un
domino de momentos que van conectándose creyendo por alguna razón ajena que de esta forma
nos conocemos o en tal caso nos conocen. Y así construir y destruir un embalaje de sensaciones,
formar un gran paquete existencial que con algún temperamento escondió se transforma en un
carácter etiquetado dando un perfil correcto (o incorrecto depende el caso) de lo que supongamos
podría decirse que nos identifica.
Volteo el rostro incapaz de poder seguir viendo el reflejo de ese arlequín espejo (hay veces que
miro mi rostro varias veces, profundo miro mis pupilas y por algún motivo, desconozco cuál sea,
sobre todo si el alcohol sobre pasa su capacidad de liberarse y este se satura en la sangre no puedo
afirmar que lo que veo soy yo. Es más puedo afirmar que me desconozco y me niego totalmente
a aceptar como propiedad esa imagen). Deslizo las plantas de los pies sobre la alfombra y en
dirección hacia la cocina siento como mi cerebro comienza a recibir eléctricos choques como
liberando de mi algún intento hipócrita de entusiasmo.
Mientras admiro la pava sobre la hornalla se introducen en mi secuencias de recuerdos sin
coherencia entre ellos, cierro un poco los ojos para intensificar la sensación que estos destapan, Y
ahí estoy, otra vez, conmemorando ilusiones de momentos que son difuntos, reanimando lapidas
de un cementerio sin moral como una viuda que lamenta haber sido tan cruel y no poder en vida
haber dado lo mejor, llorando a un pedazo de carne que no respira, un cadáver frio y tieso, llorando
recuerdos.
Logro con facilidad perderme en el calendario, las fechas no son de mi mayor agrado. Cada
celebración, aniversario, cumpleaños, o momento conmemorativo lo siento como una repetición
año tras año, y que cada uno de ellos se parece tanto al anterior. Hay cosas que nunca se pierden
como la esencia, y la memoria mientras se está vivo, lo difícil claro es saber cual es real.
La pava chilla como un puerco en el instante de ser degollado (no tengo nada en contra de ello,
cuando tengo la oportunidad disfruto rasgar con el cuchillo de apoco la carne y masticarla
infinitamente) Abro los ojos y como anestesiada reacciono apagando el fuego, desperté digo, ya
desperté. Me siento al borde de la silla, y sin llenar del todo la taza desprendo una bocanada de aire
para inflar otra vez los pulmones, creyendo que así voy a sentirme un poco mas llena, de aire claro,
pero menos ida. Mirando fijamente los azulejos buscándoles alguna forma a las manchas e
imaginado alguna historia entre esos firuletes. Comprendo entonces que de cualquier forma esa
historia no me pertenece, que no se de quien es, pero no es mía. Agachando la cabeza mirando el
hoyo negro e intenso dentro de la tasa respirando el vapor que extiende sintiendo como ese calor
destapa mis fosas nasales, otra vez respiro ahora con más suavidad y sonrió. (Cada vez que algo me
causa dolor, o extrañamente siento que no comparto mis ideas conmigo misma sonrió
irónicamente) no puedo entender todavía que estoy aquí y cuál es el motivo para andar. Quien tiene
los hilos de la humanidad? Quien disfruta de humillar al desprecio? – muchas veces pierdo la noción
de mis cuestionamiento, entiendo que no resultan agradables sin embargo paso gran parte de los
días inserta en mi cabeza discutiendo las plegarias que exclama mi emoción. Sería mucho más
sencillo mantenerme firme ante una idealización o una idea, un libro quizás que contenga mil
respuestas, buscar alguna figura diminuta y colocar en ella todas mis perversiones, explicándoles
que por eso vivo, agradeciendo su influencia espectral en mi. Intento exhausta seguir revolviendo
mis propias miserias tratando de despegarlas de mi piel para ser en si un ser simple (contengo en
mi personalidad una preocupante indignación hacia pensamiento, a veces absurdos, como el simple
hecho de expresar en necesidad de mi autoestima todo lo que mi mente me sugiere.) Intento una y
otra vez comprender mi entorno, sentir ese poquito de egoísmo que me hace creer que lo que me
rodea es mío, realmente mío, que son la reproducción de mi ‘’alma’’ y que el destino me invito a
complacer mis deseos para brillar y crecer de cuestiones efímera de vivir, después de conectarme
con todo mi ámbito profundamente seguro sentiría la tranquilidad para poder lapidarme con el
titulo de Persona simple-mente y feliz. (Regurgito espasmos gástricos cuando me torno consiente
de ese estado falso en el cual me compadezco de mi por la continua falta de seguridad con la que mi
voz se va introduciendo a mi boca para morderme la lengua, con la vista al piso sin poder
reaccionar. Dan ganas de pegarme y gritar Dale loca, baja, ubícate que no puede ser tan sencillo que
te tras-papeleen el orto y te dibujen por arriba) muchas veces da igual, ni siquiera me importa, me
aburre la idea de pelear por un lugar, una razón, una aprobación. Es sentir que el caos esta dentro.
Todo lo aprendido te convierte en un tejido amoldado impulsivo e imperceptible que ausenta de
razonamiento, si contemplamos fríamente el patrimonio emocional llego a la conclusión que este
está sujeto al conocimiento y experiencia individual, y que de cualquier manera toda acción que
provenga externamente será procesada por la carga de aquel acto fingido que llamamos vivir ( o
vivido, pasado, presente y futuro son títulos para poder ‘’separar’’ en el tiempo los sucesos que de
cualquier forma no pueden ser divididos por que no son independientes y entre ello existe una
interacción necesaria) En tal punto debo admitir que siento nostalgia por todo aquello de ‘antes’
como símbolo de negación a un ahora, que supongo y me aferro idiotamente a la idea de poder ser
hoy lo que ayer y mañana mejor. Claro es que lo que recuerdo esta moldeado a mi sentir, sin
intereses ni opiniones ajenas a mi parecer, lo que percibo de lo que he vivido es parte de una
transformación de los hechos en lo que yo coloco una descarga emocional. Lo triste de esto es
cuando esta descarga se la recuerda como algo maravilloso, si yo la recordara con real angustia no
tendría otra cosa más que la obligación de borrarla, desterrarla, y matarla de mi memoria.
La nostalgia es una acción toxica, es como un cólico, que de pronto aparece para hacerte saber
y retorcerte las tripas, para impedirte de alguna manera a que vivas, vivir del pasado es mucho
más liviano que vivir de un incierto, lo que paso ya está superado, procesado y trasladado en
tranquilidad, sabemos muy bien que decir, y como actuar, pierde total espontaneidad y eso es
lo que mas se disfruta. Es parte de nosotros, lo hacemos al recorrer el mismo camino día a día,
al seleccionar los mismos lugares, o frecuentar las mismas personas. Lo hacemos al decidir que
estamos destinados y es de nuestro agrado una lista de tips que decimos nos gusta y todo aquello
que no está dentro es inexistente o indeseable. De alguna forma esta tenencia a aférranos a algo
seguro, existe en todo. Lo que no comprendo todavía es que lo mueve. Cuando frecuentamos el
mismo lugar, sea por gusto, elección, necesidad, trabajo o tarea, cualquiera ámbito que nos contiene
y podemos movernos con total agrado, negándonos la existencia quizá de otras vivencias, podría
decirse que es elegir como se quiere vivir. Una necesidad de tener control, por que el ruido por más
que apesta en toda ciudad, el ruido real nos asusta. Hay algo que siglo a siglo fue motor de muchas
historias, hechos, actos, que pudieron o no trascender en ella y esta movilidad sigue generando
quiebres, anhelos, sueños, hay algo que todos sabemos indudablemente, somos mortales negados a
morir.
Angie.Dri
Dame de ti los más perverso, enciérrame en un cuarto oscuro, grítame por lo bajo yo sigo
tu voz, juguemos a ser desconocidos. Tómame de espaldas mientras te digo que no, ¿Siente
mi miedo?, busca el dolor. Acósame hasta verme llorar, dibuja con sangre tu maldad. Hazme
desear, hazme gozar. Rózame la piel sin tocarme dejando en suspenso este instante de gloria,
¿siente mi ser erizarse?. Ódiame de tal forma que me guste, sofócame en sudor, asfíxiame
hasta que sienta que da gusto vivir. Hazme daño te lo suplico de rodillas, llévame al máximo y
luego aléjate.
Angie.Dri
Fueron tantos los despojos de mis enojos
Palpita ausente la calidez en los ojos.
Mueren frio en el filtro de un desagüe
Cuelgan hilos de mi carne
Ausente pasión de algarrobo
Susurra inmersa en vaselina
Chorrea vulgar carcajadas de estreno
Coloca en las uñas la piel del deseo
Disfraz de anzuelo
Disfraz de muerto
Cautiva la bestia con cintas y mezclas
Desprende las cotillas con precisa picardía
Intrigante despierta la gula entre sus piernas
Alimento del cosmos devora cual brillo
Para dejar en obsoleto los recuerdos en vilo
Maltrata y rasguña sediento capricho
Inflan el ego carroñero de grasas plastificadas
Pudre, se pudre.
Y feliz regurgita en éxtasis.
Gimen las masas que ansiosas esperan ver decrepita su hazaña
Mama de los lagrimales oxido pútrido
Se relame apretando el colmillo contra la rotula
Y se desparrama entre lazos de blancos espejos.
La saliva es el vapor que inquilino en los huecos esconde.
Para cuantificar a gran calidad sus cuentas cualidades
Observando y relamiéndose después de lo cometido
Es entonces que sacia sus viseras
Hasta que recorra en su sangre de nuevo el olor
A carne con miel
A cerezas y ron
A tabaco y mármol
De rojo o de azul
Vestirá sutilmente los hilares de consonantes
Y entre las palabras volátiles
Veras su cara arrancarse
Intenso retorciéndose entre las articulaciones
Impactara su demanda
Y en sumisa posición de la acción
El delito será exquisito antojo
Dócil será tu piel
Escupiendo al caminar
Dando gritos hasta desfallecer
Angie.Dri
viernes, 18 de mayo de 2012
AFÁN CON ANTIFAZ
Por Rocío Ruiz o Clarita.
Todos necesitamos en qué creer.
Místico refugio,
Nos escondemos cuando sentimos desvanecer.
Particularidades divinas: astros, amuletos, dioses
Multiplicidad ideológica en la variedad perenne
En el oscuro silencio, redentoras las voces.
Y me aferro. Dependo
Asigno mi recuperación a algo que no se materializa
“Me ayudó a salir”. Afirmo, y lo sostengo.
Y creo ver señales, indicios
¿Intuición o sometimiento?
Réprobo menester de saciar el suplicio
Escudriñar esclarecimiento en justificativos
De todo lo que nos sucede.
¿Destino? ¿Escepticismo? ¿La forma en la que vivimos?
¿O la condena de lo que hicimos?
Falta de espontaneidad, a eso se debe.
Pensar menos, sentir más.
Corolario devenir
No lo evitaremos jamás. No se puede gobernar.
Limitarnos a vivir
Simplicidad.
Agudicemos los sentidos para percibir
Que todo lo que nos pasa es singularidad
De las elecciones que hacemos en la cotidianeidad.
¡Atención! Capacidad de auto recuperación
podés creer en lo que quieras
pero vivir, seguir adelante depende sólo de vos,
el resto es guarnición
en esta cena que puede o no, ser para dos.
domingo, 13 de mayo de 2012
Ana
Defenderse cuesta, cuesta vida y más
Abrite, me dijo. Yo, lo miré. Lo
miré como se mira a un témpano, como se mira un pedazo de cielo. Abrite,
repitió. Quizás era su boca lo que me estaba hipnotizando, por eso no pude
hablar. Me comía el orgullo, me comía el alma. Su voz me penetraba una vez más,
carcomiéndome el cerebro, buscando aquello escondido que fervientemente
ocultaba y que nunca quise develar a nadie.
De repente, se desabotonó la
camisa y se tiró en la cama. Las sábanas formaban caminos a su alrededor
mientras él miraba el techo, como esperando que algo saliera de allí. Yo seguía
de pie al umbral de la puerta como una oyente, una mera espectadora, aguardando
abstraída su próximo movimiento, observando minuciosamente cada parte de su
cuerpo que yacía inerte sobre la cama.
- ¿Qué hacés ahí todavía? Vení.
Mis pies estaban clavados en el
zaguán, habían echado raíces debajo de los azulejos blancos y negros del
pasillo. De pronto, se reincorporó súbitamente como el viento de tormenta en
verano. En ese instante, mi piel erizada se había convertido en piedra. No
sabía hacia dónde escapar, me había encerrado dentro de una coraza invisible que
él fácilmente pudo romper en el ínfimo instante posterior a acercarse.
Respiraba en mi oreja, casi rozándome con su nariz, mientras, con una mano
recorría mi hombro, brazo, mano. Derretida, me dejé avasallar mientras la luz,
tenuemente, se iba desvaneciendo.
Damián
Acercamiento
Se despertó. Había tratado de
hacer el menor ruido posible, pero no. Seguramente, algún ínfimo sonido se coló
por sus oídos forzándola a abrir los ojos, casi como si renaciera, haciéndola
regresar de algún remoto sueño. En cierto sentido, quería huir de ese momento,
simplemente mimetizarme con las minúsculas partículas esparcidas en el aire y
desaparecer. Realmente no sabía qué hacer o decir - esto de las relaciones
interpersonales nunca fue lo mío - aunque recordaba con un pseudoestupor lo
sucedido la noche pasada. Por momentos emergían de mi cabeza pequeños flashes
intermitentes y fugaces. La oí respirar más cerca, quizás, a mis espaldas.
Supuse que ya no había forma de escapar, o por lo menos, sin que me viera. Al
darme vuelta, allí estaba, parada e inanimada como la noche anterior. De un
momento a otro sonrió. Levaba puesta mi camisa, lo que me pareció totalmente
ridículo, una especie de cliché de aquellas típicas películas románticas
estadounidenses. Cuando estuvo por hablar, me adelanté.
- ¿Y tu ropa? No es necesario que
andes usando la mía.
Apenas dejé correr aquellas
palabras me di cuenta que había sido un tanto grosero pero, al fin y al cabo,
el hecho de que otra persona use mi ropa realmente me disgusta. Los hermanos,
por ejemplo, se dan el lujo de hacer esas cosas y, sin consulta previa, me
resulta detestable. Sin más, le di la espalda otra vez, no quería mirarla
esperando que llorase o cualquiera de aquellas escenas patéticas que tienen las
mujeres. Suele despedazarme el sólo verlas, aún más, sabiendo que he sido yo el
causante de aquél malestar. Suavemente, escuché el susurro de la tela rozando
sus dedos. Sólo eso, los dedos de su pequeña mano soltando uno a uno los
botones, profunda y lentamente. Volteé nuevamente hacia donde ella estaba y
volví a verla completamente desnuda mientras dejaba caer la camisa sobre la
cama. En su cara seguía presente la sonrisa, esta vez un tanto más seductora.
Totalmente serena, se dirigió al baño. De repente escuché que giraba el grifo
y, en el segundo inmediatamente posterior, el agua chocar contra el suelo de la
ducha. Me acerqué entonces hasta allí y, simplemente, entré.
Harriet M. Welsch.
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