No sabemos como llegaste aquí, ni lo que estas buscando, pero esto es con lo que te vas a encontrar

domingo, 13 de mayo de 2012


Ana
Defenderse cuesta, cuesta vida y más


Abrite, me dijo. Yo, lo miré. Lo miré como se mira a un témpano, como se mira un pedazo de cielo. Abrite, repitió. Quizás era su boca lo que me estaba hipnotizando, por eso no pude hablar. Me comía el orgullo, me comía el alma. Su voz me penetraba una vez más, carcomiéndome el cerebro, buscando aquello escondido que fervientemente ocultaba y que nunca quise develar a nadie.
De repente, se desabotonó la camisa y se tiró en la cama. Las sábanas formaban caminos a su alrededor mientras él miraba el techo, como esperando que algo saliera de allí. Yo seguía de pie al umbral de la puerta como una oyente, una mera espectadora, aguardando abstraída su próximo movimiento, observando minuciosamente cada parte de su cuerpo que yacía inerte sobre la cama.
- ¿Qué hacés ahí todavía? Vení.
Mis pies estaban clavados en el zaguán, habían echado raíces debajo de los azulejos blancos y negros del pasillo. De pronto, se reincorporó súbitamente como el viento de tormenta en verano. En ese instante, mi piel erizada se había convertido en piedra. No sabía hacia dónde escapar, me había encerrado dentro de una coraza invisible que él fácilmente pudo romper en el ínfimo instante posterior a acercarse. Respiraba en mi oreja, casi rozándome con su nariz, mientras, con una mano recorría mi hombro, brazo, mano. Derretida, me dejé avasallar mientras la luz, tenuemente, se iba desvaneciendo.



Damián
Acercamiento

Se despertó. Había tratado de hacer el menor ruido posible, pero no. Seguramente, algún ínfimo sonido se coló por sus oídos forzándola a abrir los ojos, casi como si renaciera, haciéndola regresar de algún remoto sueño. En cierto sentido, quería huir de ese momento, simplemente mimetizarme con las minúsculas partículas esparcidas en el aire y desaparecer. Realmente no sabía qué hacer o decir - esto de las relaciones interpersonales nunca fue lo mío - aunque recordaba con un pseudoestupor lo sucedido la noche pasada. Por momentos emergían de mi cabeza pequeños flashes intermitentes y fugaces. La oí respirar más cerca, quizás, a mis espaldas. Supuse que ya no había forma de escapar, o por lo menos, sin que me viera. Al darme vuelta, allí estaba, parada e inanimada como la noche anterior. De un momento a otro sonrió. Levaba puesta mi camisa, lo que me pareció totalmente ridículo, una especie de cliché de aquellas típicas películas románticas estadounidenses. Cuando estuvo por hablar, me adelanté.
- ¿Y tu ropa? No es necesario que andes usando la mía.
Apenas dejé correr aquellas palabras me di cuenta que había sido un tanto grosero pero, al fin y al cabo, el hecho de que otra persona use mi ropa realmente me disgusta. Los hermanos, por ejemplo, se dan el lujo de hacer esas cosas y, sin consulta previa, me resulta detestable. Sin más, le di la espalda otra vez, no quería mirarla esperando que llorase o cualquiera de aquellas escenas patéticas que tienen las mujeres. Suele despedazarme el sólo verlas, aún más, sabiendo que he sido yo el causante de aquél malestar. Suavemente, escuché el susurro de la tela rozando sus dedos. Sólo eso, los dedos de su pequeña mano soltando uno a uno los botones, profunda y lentamente. Volteé nuevamente hacia donde ella estaba y volví a verla completamente desnuda mientras dejaba caer la camisa sobre la cama. En su cara seguía presente la sonrisa, esta vez un tanto más seductora. Totalmente serena, se dirigió al baño. De repente escuché que giraba el grifo y, en el segundo inmediatamente posterior, el agua chocar contra el suelo de la ducha. Me acerqué entonces hasta allí y, simplemente, entré.




Harriet M. Welsch.

viernes, 20 de abril de 2012

33 mineros



Juan Carlos Carroña.

Un viejo sofá_a_resortes tapizado en cuero amortiguó mi caída, su piel se sintió áspera y dura - Tan porosa que podía olerse la multitud de culos que habían reposado en él -.
 De los espirales oxidados se desprendió el aliento del infierno como réplica al bostezo chillón y metálico que crujía en las entrañas de ese lecho despellejado. Abatidos por la caída todos los presentes me observaron de repente y con muecas de fastidio. Y así como me vieron, todos devolvieron su mirada al televisor... Extrañamente se encontraban dispuestos de manera concéntrica a éste, sentados casi sobre el mismo radio que hacía eco en el medio del aparato; Equidistantes...
 Como si se tratara de una fogata que los quemaba en una noche helada, la vida se había resuelto en un metro, y el destino, en el fondo de ese aparato… Los ojos como rayos mantenían encendida en llamas la pantalla que iluminaba el cuarto con un aleatorio olear de luz. El humo_consecuente sin demasiado esfuerzo había logrado confundirse con el paisaje, saturándolo todo con un efecto granulado como el de las películas_de_16mm que irritan los ojos para finalmente escapar, fugaz, por un buraco que parecía ser de un aire acondicionado del cual sólo queda la carcasa oxidada y el aire que pasa sin condiciones llevándose el momento a pasear por la medianera.
De a poco el baile se fue consumando sobre la tela_de_luz_volátil. La llama desplegaba su paso entre todos para regalarme un beso tibio cada tanto. Y de esta manera, "mal consentido", el miedo que sentía en un principio comenzó a drenar gradualmente sobre el sillón mientras el mundo se hacía foco a sí mismo en la tv, reduciendo-se, como pichí en la arena.
 Mi atención jugaba al Pac-Man sobre el cristal hirviendo cuando inesperadamente---->; CRANnnn!!- Se me atrofió el tacto: Alguien pasó por delante!… Traía un plato en la mano y caminaba rengueando envuelto en una campera de pelos negros apelmazados. Atravesó la visual quebrando el enrriedo de la flama que nos tenía hipnotizados. De repente un parpadeo me mostró la oscuridad pura del negro; Instintivamente busqué los objetos detrás del humo pero nada se definió a si mismo, todo era parte de la voluntad del brillo que bajaba línea desde el aparato; Bajaba y subía periódicamente la marea eléctrica contrastando al cuarto_oscuro. Aturdido busqué en los rincones pero no encontré color alguno, recorrí con los ojos hasta las manchas del techo y nada, todo era blanco_y_negro y permanecía incondicionalmente bajo la sombra ensordecedora de “ese ruido blanco”(1). Comenzé a desesperarme, no podía ver nada... el televisor, las caras, mis manos, el sillón, el aire... Busqué por todos lados y no hallé color ni viento ni nada en ese cuarto misterioso_y_mal_habitado. Estaba apresado, Cromoasfixiado y muy mal acompañado... Tenía que hablarles!. Necesitaba liberarme, pero cómo... ¿Cómo explicarle a estos tipos; Cómo romper el silencio y ser más prudente, cómo contarles lo que se siente al rojo o al celeste cielo, al amarillo del sol o el marrón caca de perro??... Imposible, nunca entenderían!… Zafiro, Sepia, Escarlata, Jade, Ambar y Carmesí mucho menos , si yo los tengo vistos nada más que en el tutifruti -.
 Mi pequeña excursión cromática acabó traumáticamente hundiendo el submarino amarillo en un mar color sangre_de_película_blanco_y_negro cuando me di cuenta lo que pasaba  ( Desesperadas pataleaban mis ideas intentando no revolver demasiado el sillón) :  El viejo estaba sirviendo el plato con fetas de un cuerpo disimulado en uno de los rincones oscuros!!... Putaquepario!! No me animé a verle la cara a nadie, ni a respirar, ni moverme, ni latir siquiera; No podía cerrar mis ojos tampoco, mis párpados estaban pegados por el pasmo y el desconcierto. Podría haber llorado, corrido o golpeado a todos pero lo cierto es que no podía, no podía hacer nada más que entregarme a la estupefacción. El anciano dejó el cuchillo en el suelo y comenzó a girar sobre su mejor pierna en dirección al sofá; Inmediatamente me refugié en el televisor como todo los demás, sugestionados y obedientes fueron tomando uno por uno su porción y la llevaron a la boca sin despegar sus plegarias del fuego multimediante. Cuando llegó a mí quedaba solo una, sin dudarlo la tomé y me la metí entre los dientes… - El miedo me había invadido de una manera “útil” a estas horas, ya estaba haciendo cosas sin pensarlo-.
 No quise, pero inmediatamente le encontré gusto a empanada árabe, aceitosa y mal condimentada. Mientras tanto este hombre, o ser, o ente de abrigo peludo y caminar arrastrado -Como si le faltaran cuadros_por_segundo a su vida - elevó lenta_y_pausadamente el plato con sus dos manos y se lo llevó a la boca... Pude escuchar como sorbía del borde los restos del precario bocadillo humano. El ruido penetró mis oídos, al estómago. Los resortes me pinchaban el culo y la adrenalina me enloqueció la cara cuando le escupí mi filete medio masticado en el ojo al de al lado y le apliqué una trompada ascendente con plato incluido al cuco peludo de Mafalda, en el mismo movimiento corrí entre la neblina carbónica hasta la luz que se escondía detrás del viejo aire acondicionado. Lo empujé como para voltear la pared entera y salí por ese agujero no_sé_como.Fin.

Hoy en día no entiendo si esa TV fue el origen, el centro o la puerta; Si esos dos en el sillón eran cómplices, usuarios o las víctimas; Si el control remoto soy yo y el zapping la censura; Si la marioneta le gana al títere o el títere es quien manipula los dedos del destino; Si las ideas son de colores y las intenciones un terciopelo negro; Si la oscuridad es la autoridad competente y la calesita del circo es la que mete ruido en todos lados; Si el carnicero peludo mató a alguien, lo encontró o simplemente es el que está mejor informado…

1 - Ruido Blanco – Es un sonido aleatorio que siempre está presente en todas las frecuencias de onda y con la misma densidad de potencia. Como la luz blanca es aquella que contiene todas las frecuencias del espectro visible (Todos los colores), a “ese ruido” se lo bautizó como Ruido Blanco. O, si preferís la explicación de Miles David, "El silencio es el ruido más fuerte, quizá el mas fuerte de todos los ruidos.”

    lunes, 5 de marzo de 2012

    no queda mas que vientc




    "no queda mas que viento"

    imaginante situación busca perfección quiere aventura maravillosa


    Comenzó con una ofensa; algunos caerán en el irremediable(prejuicios y falacias) que él tanto se cansaba de explicar y defender; se trataba de una simple aventura: A esa hora de la mañana tener la camisa desabrochada y ganas de caminar hasta el infinito, se tornaba algo excepcional lleno de buenos recuerdos.
    Disfrutó de no pensarlo debido a lo veloz de su atino que no le brindó preludio encontrándose repentinamente ante dos pendejas; bien jugosas diría el mejor recolector frutihortícola de la ciudad...
    Inmediatamente dijo: Hellouu (en un tono casi incomprensible), estando ya muy cerca de ambas enunció: 
                                                                                                                                                           Vengo vacío a ustedes(pero pensó un brevísimo instante: !Que estaba haciendo¡) y memoria le regaló una una sorpresa tan deliciosa como "el despuntar del rocio sobre las lenguas mas secas" y repitió sin perder mas tiempo: 
                                                                    Vengo vacío chicas
                                                                        pero lleno de ganas 
                                                                                de pasear con ustedes 
                                                       -lleno de ganas+ de que yo las invite
                                                                                      a tomar un helado y 
                                                                                         ustedes elijan los gustos
                                                       -lleno de ganas+ de saber las palabras justas
                                                                                para seducirlas , 
                                                                                                        Así que quieran cerrar sus ojos
                                                                                               y viajemos juntos 
                                                                                                  creando el lugar que mas nos guste!



    Las jóvenes rieron de él y lo ridiculizaron solo un poco, al breve tiempo de esto cuando aún era un ruido y no un contagio, él insistió con la idea del helado y ellas accedieron. 
    Nadie sabe a ciencia cierta qué les dijo en la heladería, lo único confesado por las pendejas fue:
     Nos sentamos en la mesa y al momento de elegir sacó tres palitos de la selva y nos propuso ir al bar, nos dijo que los palitos eran una experiencia mas dulce y deliciosa que el helado. Disfruté del sabor y sentí que había tenido la mejor decisión de mi vida, (sí era hermoso acotó la otra pendeja). Comimos el palito de la selva y caminamos extasiados al bar por los campos de sabores que separan el sabor blanco del rosado. Nos sentamos en el bar, bebimos un vaso de vodka entre nosotras dos aunque casi sin intentarlo nos convence de que bebamos uno cada una, él bebió "whiskie del mas caro pero menos de $20", no llego a probarlo que estaba besando suave y furiosamente a mi amiga. No hay explicaciones nos despertamos al otro día aún encantados y con los deliciosos restos de una partuza.


    Quiso pasearse en su imaginación pero no lo hizo. !Algo no estaba como él quería! La frase que les dijo a las pendejas sí era eso: esa frase era muy especial y la había hecho para otra persona. acongojado y cegado estaba cuando repentinamente sintió un alivio, sintió una solución: !iba a tener que inventar algo mucho mejor para esta mujer que aún ronda en su cabeza.



    Él estaba buscando a su princesa. y la única forma que tenia de encontrarla.
     Era haciendo el amor.

    martes, 7 de febrero de 2012

    Juguemos a que no nos queremos

    Por J.C.C.



     Manguereamos el deseo a falta de calcio en la espina dorsal. Patinamos con la circunstancia y caímos por un tobogán de chapa hirviendo. Rodamos, tontos, sobre las hormiguitas con piernas en punta de pie intentando no levantar el pasto pisado por los perros del pasado.

     Sacamos a pasear los recuerdos pero sin tomarlos de la mano.
     Educados, esperaron en la esquina para cruzar al parque del entusiasmo.
     Aventurados, acariciamos despacito por detrás la espalda del olvido.
     Temblamos automáticos y atendimos la consecuencia.
     Confundimos sudor con lágrima, desenlace con secuela, odio con amor (o cási), sonrisa con cómplice, saliva con el I.V.A., cortina con la noche, pelos con cara con pechos con tacos con piso con huesos con la comida y el agua del gato.
     Entendemos.
     No lo decimos.
     Sobrevolamos.
     Seguimos, nos pasamos y no volvemos.
     Nos queremos, está claro.
     Nos odiamos, parte del pasado.
     Olvidamos, solo por un rato.
     Los sabores se caen, en consistencia y velocidad; Como un matecocido con leche que se deja enfriar al descuido de la mesa. Se espesa, se pega, se cubre con un manto frío que lo tapa todo (la gordura según mi madre). Nos envuelve, nos separa. Nos apuñala la cuchara con botines de charol lácteo que hace pie en el fondo de la taza. Se adhiere a nuestros labios y nos avergüenza.
     Nos calla.
     Nos incomoda.
     Nos odia.
     Nos odiamos.
     Nos vamos.
    ...
    Hasta siempre y nunca mas.

    miércoles, 18 de enero de 2012

    EL ABANICO


    Por Ali Alvo 



    Gracias a sus habilidades con la pluma, todos los días fabricaba un abanico de palabrejas ampulosas, rechonchas, tristes como unas gárgolas descoloridas y lo lucía, pavonéandose ante su acobardada audiencia.

    martes, 17 de enero de 2012

    Tuve una clara intuición del origen de todas las cosas y no es para tanto

    Por Juan Gabriel González.

    La Casa Luminosa estaba en ninguna parte y en todas a la vez. El Padre,
    un anciano malhumorado, gobernaba con mano de hierro a un montón de
    chiquillos permanentemente aburridos, porque en la Casa Luminosa sólo
    había reglas, y la primera de ellas prohibía todo tipo de diversión. Cuando
    los niños preguntaban por su mamá, sólo recibían como respuesta la mirada
    llameante del Tirano. Todo en la casa revelaba la ausencia de una mano
    femenina: su carencia de adornos, de cortinas, de cualquier detalle que pudiera
    alegrar la vista y matizar la espartana austeridad reinante, que parecía emanar
    directamente del amo.
    La segunda regla prohibía abrir las ventanas. Los niños tenían gran
    curiosidad, ya que no sabían qué había fuera de la casa. Por más que forzaban
    la vista, no lograban percibir cosa alguna en el exterior. Así como blanca era la
    casa, negro era el vecindario; el color más negro y compacto que uno podría
    imaginarse.
    El más travieso de los niños tomó coraje un día y preguntó al patriarca:

    - ¿Qué hay fuera de la casa, Padre?
    - Nada. O si prefieren, la Nada. Es algo absolutamente desagradable
    e inconveniente para los niños. Por eso tienen prohibido asomar
    su nariz fuera de la ventana. ¡Y no me hagan repetírselo!

    El Anciano no se hubiera atrevido a confesarlo, pero la Nada era el
    origen de su permanente malhumor. De hecho, se ponía peor cuando se daba
    cuenta de que se hacía mala sangre por nada. Le hubiera gustado eliminar a
    la Nada, y también, si lo forzaban un poco a confesarlo, a los niños. ¡Eran una
    verdadera lata! En realidad, le parecía que lo más decente era que existiera
    sólo Él, y no hubiera más que luz por todas partes. Pero también había
    pensado que para mantener su individualidad necesitaba de otros individuos.
    Y para que hubiera luz tenía que haber tinieblas. ¿Cuándo se había percatado
    de todo eso? Ya no se acordaba. La gente no se da cuenta de lo difícil que es
    estar al mando. ¡Qué cruz! Si hubiera alguien más para echarle la culpa de este
    perpetuo aburrimiento…¿A quién se le ocurrió que la Existencia era la gran
    cosa? Y así seguía, sumido en su Augusta depresión.

    El niño travieso había heredado como ningún otro la genialidad del Padre.
    Así, decidido a salir del perpetuo aburrimiento, inventó el primer juguete que
    haya existido: una honda. Rodeado por sus curiosos hermanitos, buscó el
    objeto que habría de servir como primer proyectil. Desprendió un dorado botón
    del traje de etiqueta del Padre, y lo colocó ceremoniosamente en la honda.
    Todos contuvieron la respiración cuando el pequeño comenzó a estirar y estirar
    la goma que sujetaba al botón. Unos segundos después, el proyectil salía como
    una bala, cruzaba el amplio salón y penetraba en las tinieblas por un pequeño
    agujero redondo que acababa de hacer en el vidrio de la ventana.
    Los niños contemplaron absortos hacia la noche eterna que acababa
    de ser penetrada por un objeto brillante. La masa negra pareció comprimir
    hasta al infinito al pequeño botón, que estalló con increíble violencia. Luego
    de este sorprendente acontecimiento sólo quedó flotando, frente a los amplios

    ventanales luminosos, un sutil vapor, que pronto se condensó en una infinidad
    de pequeñísimos puntitos de materia. Los fragmentos más grandes brillaban,
    perforando el inmenso vacío negro, mientras que los más pequeños giraban en
    torno a los mayores.
    Desde su habitación, el Padre observó atónito el resultado de la travesura.
    Cuando estaba por estallar su cólera tonante, su Omnisciencia le presentó
    un espectáculo increíblemente agradable. Por primera vez el júbilo lo invadió,
    y si hubiera podido, habría ido a besar al travieso. Pero se contuvo, por una
    cuestión de principios. Mientras, desfilaba ante sus ojos la sucesión temporal
    recién creada por el botón y la Nada. Veía multitudes de seres similares a Él,
    pero pequeños e insignificantes como bacterias. Y esos seres venían a rogarle,
    se arrastraban a sus pies, le hacían ofrendas, y así interminablemente, por los
    siglos de los siglos. Y podía castigarlos una y otra vez, y matarlos por millones,
    con la peste, las guerras, el hambre, las inundaciones. Y eran tantos y tan
    tenaces, que podían soportar un desastre tras otro y seguir adorándolo. ¡Era el
    Paraíso!
    Aunque en escala menor, los niños también podían concebir el futuro del
    universo que el travieso había creado.
    - ¡¿ Pero qué hiciste, hermanito?!, dijo Mansaluz.
    - Me parece que me mandé una macana, respondió Lucifer.

    lunes, 12 de diciembre de 2011

    Clase Media.

    J.C.C.


    Donde los ojos no se animan a-parecer-se sumerge en mierda un cartel
    La lluvia decanta en mi barrio con sed
    De mí
    De mi familia
    Mis amigos
    Vecinos
    De los que llego a ver

    Yo no preciso saber
    “Las bombas trabajan para usted”
    Quiero que exploten de una vez
    Toda la periferia de Santa Fe 
    Como las noticias de ayer y hoy también
    Erradicar los negros de una vez
    Hacerlos transparentes y fieles al gen

    Montañas de mí
    De mis amigos
    De mi familia y vecinos
    Mantienen lejos del barro mis pies

    En la cumbre el terreno está suelto, es áspero y frío
    Tropiezo con alguna piedra de vez en cuando, no puedo evitarlo
    Se cae por la ladera desigual
    Rueda, toma impulso y llega abajo como una bala perdida
    Sobre los techos de chapas se escurre una lágrima
    Y se oxida con los clavos que mantienen quieta la precaria estructura social.